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Experimentación en animales: Una práctica cruel

A comienzos de este año las imágenes de perros Beagle, utilizados para probar un fármaco antifibrótico, en el laboratorio Vivotecnia (España), causaron indignación mundial, ya que además de experimentar con ellos, estos animales, posteriormente serías sacrificados, por lo que volvieron a poner en la palestra la experimentación en animales. Conversamos con una especialista sobre la realidad a la que se enfrentan estos animales y con un abogado, quien nos cuenta sobre la normativa vigente y qué debemos hacer para protegerlos.

Por Isabel Pinto G.

Este 24 de abril se conmemora el Día mundial del animal de laboratorio, fecha que invita a reflexionar sobre la crueldad a la que son sometidos estos animales causándoles un daño físico y psíquico, privándolos de su derecho a la vida y la libertad, en beneficio de la ciencia y los seres humanos. La experimentación se refiere a los procedimientos realizados en animales vivos con fines de investigación, como evaluación de efectividad de nuevos medicamentos, evaluación de seguridad para la salud humana, de productos para el consumidor como son los cosméticos, artículos de limpieza para el hogar, aditivos alimentarios, farmacéuticos y químicos para la industria química/agrícola, entre otros.

Jéssica Barros, médico veterinario y miembro de No más vivisección, nos explica que “todas las cosas que son destinadas para el uso de las personas tienen algún grado de testeo, desde la industria balística, los automóviles, la experimentación biomédica, medicina, en farmacología. En general, cualquier cosa en que se tenga que probar qué tan nocivo va a ser para los humanos se utilizan animales en alguna fase de prueba”. Agrega que en pruebas básicas se trabaja con animales más pequeños: conejos, ratas, cobayos, etc., ya que son más permisivos con su utilización. Sin embargo, cuando estas pruebas implican que el sujeto debe tener similitudes a humanos o se necesita realizar y probar vacunas, como en el caso del virus Zika “se utilizaron primates y se piden ciertos permisos especiales a los Comités de bioética -correspondientes- para que les den el pase para utilizar esos animales”.

La especialista destaca que, en Chile, actualmente, se usan conejos, cobayos, ratas, cuyes. “Los primates no están incluidos en todos los reglamentos que se están haciendo en el Comité de bioética, ya que se necesitan permisos y toda una validación previa para utilizarlos. Los perros son súper comunes, la Facultad de medicina veterinaria de la Universidad de Chile tiene perros Beagle que se usan para probar comida. Depende siempre del experimento, de qué tan nocivo va a ser y si cumple con toda la normativa para darle los permisos, pero se puede utilizar cualquier especie”.

Tipo de pruebas que se realizan

La médico veterinaria menciona que en la industria médica se induce enfermedades a un número de animales, se alteran genéticamente para que tengan los genes para padecerla y posteriormente se comienza a estudiar. “Las ratas se utilizan para estudiar la diabetes, lo mismo pasa con el cáncer. En el caso de la industria balística, en países donde es más masivo el tema militar, se realizan pruebas con animales en entrenamientos, para que sepan cómo realizar un control de daños. Por ejemplo, tienen que saber cómo reaccionar cuando a una persona le cae una granada y se amputa una pierna, para esto utilizan animales, con ellos aprenden cómo manejar la hemorragia. En este caso se utilizan corderos, ovinos, caprinos, ya que el tipo de pata que tienen les permite realizar el control de daños, cómo controlar lo inicial hasta que el individuo llegue a la atención más especializada. Actualmente, hay varias campañas para que se dejen de utilizar animales en este tipo de entrenamientos, ya que existen métodos de reemplazo a su uso”.

Agrega, que los animales también se utilizan en estudios de toxicología o en la industria farmacéutica en cuanto a la máxima dosis tolerada, que es el test de dosis letal o DL50. Se utiliza un ´X´ número de animales, generalmente conejillos de indias o ratones -van de los 20 a 50 animales-, a los que se les proporciona un ingrediente, insumo o formulación final por una cantidad de período de tiempo y el test termina cuando el 50% de esta población fallece. “Lo que se busca es saber cuándo el 50% de los individuos muere, a qué dosis y eso es con todos los medicamentos y sustancias, y se sigue realizando. También, hay estudios respecto a la conducta, “más que a la conducta del animal en sí, se les genera cierto daño para que tengan conductas estereotipadas, así se puede estudiar la ansiedad, el Alzheimer. Acá en Chile, sobre todo, se utilizan hartos animales pequeños, principalmente para estudios de neurología”.

Quiénes realizan estas pruebas

La experimentación en animales es realizada por universidades y particulares. “Nosotros tenemos acceso a la información que se puede dar por Ley de transparencia, por ejemplo, la gente que postula a los fondos Conicyt, pero los particulares dicen que no y uno no puede acceder a la información. Las pruebas más importantes e invasivas son las que se realizan es post grados en universidades y en laboratorios privados, en pregrado son cosas más anatómicas en general con animales que ya están muertos. Acá en Chile hay una universidad que tuvo un convenio entre facultades – medicina y veterinaria- donde se enseñaba cirugía laparoscópica con cerdos”, agrega.

Cómo viven

Los animales viven en condiciones inocuas y salubres para lo que los van a utilizar finalmente. Por lo tanto, Jéssica explica que “no se desarrollan en un espacio que tenga un enriquecimiento ambiental apropiado, están en jaulas metálicas con alimento sin las características adecuadas -como si estuviera en su hábitat natural o en un ambiente para preservarlo y no utilizarlo-. Además, se vulnera la parte cognitiva del animal, ya que viven en soledad y sufren malos tratos. Condiciones de bienestar animal como vivir libre de hambre, miedo, enfermedad, todas esas condiciones no se dan en experimentación, ni tampoco en otros usos. Además, en las pruebas de dolor, se busca ver cuál es el dolor. Ahí los animales también padecen miedo y les provocan lesiones, que van a ir tratándose en la medida que no interfiera con el resultado”.

Crueldad

La especialista de No más vivisección explica que en general, todos los experimentos tienen algún grado de dolor, pero las experimentaciones cognitivas generan un impacto importante en el individuo. “Uno lo ve en las personas con problemas de salud mental, que no exteriorizan, uno no las ve con lesiones físicas, lo mismo pasa con los animales. Muchas veces cuando se muestran animales en laboratorios lo que más llama la atención son las condiciones en las que están, los movimientos estereotipados, se masturban, se hacen daño, se sacan los pelos. Entonces si bien las pruebas de dolor pueden ser una de las más crueles, no me atrevería a decir que sean las peores”.

Una práctica innecesaria

La evidencia dice que contamos con muchos métodos de reemplazo que arrojan la misma información si se utilizaran animales. “Para el estudio del Covid se utilizaron métodos de reemplazo, ya que son más rápidos, dan información más concreta. Igualmente, se utilizaron animales, trabajaron con perros, gatos, monos, con mamíferos pequeños, de todo. Pero se dio el uso de métodos de reemplazo en el Covid y con resultados favorables. Desde hace décadas que se está avanzando en los métodos de reemplazo y los organoides (mini órganos que se hacen con células madre son cerebros, riñones, parte de intestinos, endometrio, etc.), que es un paso súper importante porque no solo sirven para pruebas donde se utilicen animales, sino que también para estudios de enfermedades y la creación de tejidos para utilizar en personas”, dice Jéssica Barros.

¡Estas pruebas deben terminar!

La doctora Barros destaca que estas pruebas en animales son poco éticas, donde se está dañando a individuos. “Son innecesarias, hay mucho respaldo al respecto de que existen métodos de reemplazo, que nos dan toda la confiabilidad y resultados arrojados en el uso de animales. También es cuestionable cuánto sirven los resultados de estos experimentos con animales, si realmente nos sirven. El 5% o menos de todas las pruebas en animales son realmente utilizadas porque el resto no le sirven al humano, ya que tienen características diferentes, porque la prueba en animales da un resultado y después la llevan al humano y da otro. Además, los métodos de reemplazo hacen que disminuyan los costos en investigación, entonces hay cosas favorables tanto para los animales como para nosotros para dejar de utilizarlos”.

Desastres en farmacología

Jéssica nos cuenta que ha habido desastres en la industria farmacológica respecto a los resultados que han dado en animales y su posterior uso en humanos. “El caso emblemático es el de la Talidomida, un medicamento que se utilizaba para tratar los síntomas del embarazo, como náuseas, dolores de cabeza y fatiga. En ratas preñadas no generó nada, en cambio en las mujeres embarazadas causó problemas congénitos, es decir, nacieron niños sin brazos, piernas”.

El medicamento fue desarrollado en sus inicios por la farmacéutica alemana Grünenthal y comercializado en las décadas del 50 y 60, causando miles de malformaciones a nivel mundial. En Chile, el año 2019, llegó a la Comisión de Salud, la Fundación Víctimas de Talidomida, para solicitar que el Estado asumiera su responsabilidad en la autorización y distribución del medicamento que les causó discapacidad congénita. Otro caso es el de Vioxx, un medicamento Merck & Co., que generó problemas cardiacos en las personas, hubo demandas y obviamente, pagos correspondientes, pero no se evidenció tanto como fue lo de la Talidamida.

Legislación

Cristian Apiolaza, director legal de Vegetarianos Hoy, menciona que, actualmente en Chile, no tenemos una ley específica sobre experimentación en animales. La única ley que hace mención sobre esta materia es la Ley N° 20.380 sobre Protección Animal. En su Título IV hay 5 artículos que hablan sobre experimentación en animales vivos, donde se establecen recomendaciones mínimas y se crea el Comité de Bioética Animal. “Lo más importante es el Comité de Bioética que empezó a funcionar el año 2017, lleva poco tiempo, este año va a haber una representante de las organizaciones del mundo animalista, que es Ariadna Beroiz, integrante de la Fundación Derecho y defensa animal. Desde el Comité se debería empezar a gestionar mayor transparencia y fiscalización de lo que están haciendo aquellas entidades que experimentan en Chile, desde universidades, entidades públicas, hasta fundaciones que pueden ser privadas”.

El abogado agrega que la norma que existe hoy no menciona las Tres R: reemplazar, reducir y refinar en la experimentación en animales. “Desde principios de la década del 1960, que están mencionadas en las leyes norteamericanas y en las directivas europeas. Hay una del año 2010, que es la ´Directiva 63´ de la Unión Europea que destaca el tema de las Tres R, y en Chile no se ha mencionado nunca. Una de las cosas que se podría hacer en tema normativo -respecto a los animales de laboratorio- sería mejorar la norma que existe para empezar a implementar de forma obligatoria las Tres R, porque no sabemos efectivamente, si las instituciones que experimentan con animales las aplican. Además, habría que implementar un centro de innovación de métodos de reemplazo de experimentación de animal, que ya existe en Estados Unidos y la Unión Europea está apuntando a lo mismo, por lo que también debería implementarse. Un buen proyecto de ley debiera apuntar a eso, incluso con la creación de una entidad público – privada que se dedique exclusivamente a la creación y aplicación de métodos de reemplazo de la experimentación animal”.

El director legal de Vegetarianos Hoy menciona que, en el año 2015, la organización europea Stop Vivisection planteó una iniciativa ciudadana. “En la Unión Europea existe la posibilidad de que la ciudadanía se junte y establezca un proyecto, reúna firmas y la pueda presentar al Comité de la Unión Europea para su discusión. En el año 2015 juntaron 1 millón y fracción de firmas en toda Europa para terminar con la experimentación en animales. Fue rechazada, pero la respuesta de la Unión Europea y de la comunidad científica fue que no estaban las condiciones para terminar con la experimentación en animales, pero se comprometieron a seguir trabajando en el desarrollo de mecanismos alternativos. Si bien, falta harto por avanzar, en algunos países ya se está haciendo, en Chile estamos en pañales, pero ya que tenemos un gobierno más progresista debemos aprovechar estos cuatro años y utilizarlos para trabajar en esa temática.”

Constitución animalista

Luego, que el Pleno de la Convención Constitucional aprobara el reconocimiento de los animales como seres sintientes y que el Artículo 23 (“Los animales son sujetos de especial protección. El Estado los protegerá, reconociendo su sintiencia y el derecho a vivir una vida libre de maltrato”) forme parte del borrador de la nueva Constitución, el abogado dice que “la idea que tenemos, desde la fundación, es lograr que se apruebe en el plebiscito de salida y, posteriormente o en paralelo, trabajar para la modificación del Código Civil, donde todavía siguen apareciendo los animales como cosas. Los cambios no van a ser automáticos, las organizaciones tenemos que empezar a trabajar estos temas y creo que es un buen momento para pensar en una ley específica de experimentación animal, con foco en las Tres R, los mecanismos, métodos de reemplazo y la transparencia. Sobre esto último, esta ley debería establecer que estas instituciones hagan un registro y que esa información sea pública, para que la ciudadanía pueda saber cuántos animales se utilizan para la experimentación animal y para qué, es lo mínimo, y no estar en una pelea constante, todos los años, que es lo que hace No más vivisección, para que le entreguen la información”, finaliza. 

CIFRAS PARA DESTACAR

115 millones de ratones, ratas, aves, peces, conejos, cobayos, animales de granja, perros, gatos y primates no humanos son utilizados cada año para experimentos de laboratorio en el mundo.

Venta de animales de laboratorio del Instituto de salud pública (ISP)