Save Ralph
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Humanos conmovidos con Save Ralph

El cortometraje de Humane Society International -que busca concientizar sobre la necesidad de prohibir el testeo en animales para la fabricación de cosméticos – nos impactó y conmovió profundamente. ¿Qué tiene este video que ha logrado sensibilizar incluso a personas que no tienen cercanía con los animales? ¿La pandemia nos ha vuelto más empáticos?

Por Isabel Pinto G.

Diversas organizaciones que trabajan por los derechos de los animales han realizado campañas para terminar con el uso de pieles, las granjas peleteras, el consumo de carne y lácteos, entre otras. Sin embargo, ninguna había generado el impacto y empatía que provoca el conejo Ralph.
Marcos Díaz Videla, profesor y doctor en Psicología, docente universitario y autor del libro Antrozoología y la relación humano-perro se refiere al éxito de Save Ralph. “La participación de celebridades no sólo generó interés, sino que fueron grandes impulsoras de la difusión del corto. Por otro lado, cuenta con algunos recursos como el uso de animación en vez de imágenes reales agresivas e impactantes, que favoreció que la gente lo tolerara y absorbiera. Pero la genialidad fue valerse del antropomorfismo representativo (humanización) del conejo, lo cual generó la identificación y empatía con él”.

Destaca que algunos estudios han demostrado cómo las especies animales con apariencia más similar a la humana reciben más fondos para su conservación y atención política. Mientras mayor parecido morfológico y comportamental con los humanos, la gente proyecta más características humanas en ellos, específicamente estados mentales. Y percibir o inferir que otros seres vivos tienen ciertos estados mentales, como emocionales o consciencia, tiene consecuencias en su consideración moral.

Díaz agrega que “un aditivo especial, también altamente efectivo, fue la indefensión aprendida del conejo, quien no intenta evitar lo que le sucede. De hecho, naturaliza y defiende las prácticas como un trabajo legítimo, que toda su familia ha hecho y muerto realizando. Las personas sentimos más empatía por las víctimas cuanto más inocentes e indefensas éstas sean y, consecuentemente, más indignación hacia sus victimarios. Aquí Ralph no intenta defenderse, ni escapar, ni pedir ayuda para salvarse de su victimario, que es la naturalización de la crueldad en los testeos con animales. En ese caso, quien debe hacer algo es el indignado espectador”.

¿El impacto tendrá relación con que las personas desconocían el testeo en animales?

De alguna manera, como sucede con otras formas de explotación animal y ambiental, son cosas que todos sabemos pero que enfrentar resulta muy complejo. Si bien las personas desearíamos cambiar algunos hábitos, es común que no encontremos la manera o que sintamos que hacerlo individualmente no generará impacto. Sin embargo, yo puedo sentir que no tengo el poder para luchar contra una industria, pero sí que puedo apoyar organismos que lo hagan o que promuevan regulaciones más justas, o que reflejen mis valores. Y creo que el corto de Ralph generó eso.

¿La pandemia nos ha vuelto más empáticos?

Es posible. Las personas nos encontramos confinados con nuestras necesidades básicas satisfechas (comida, agua, evitando del virus y fuera de las inclemencias del tiempo), dándonos cuenta de que eso no era suficiente para tener calidad de vida. Necesitamos contacto social, atención, actividad física, afecto, etcétera. Podemos pensar que las redes sociales virtuales cobraron mayor preeminencia en los contactos y la transmisión de información. Creo igualmente que sigue poco visibilizado el hecho de que existe cierto acuerdo general sobre que esta pandemia se debe a una enfermedad zoonótica. Es decir, fue causada por cómo los humanos tratamos a los demás animales. Se cree que el 70% de las enfermedades surgidas en las últimas décadas lo son, y que el 65% de las epidemias también se deben a esto. Tenemos que poner en evidencia la necesidad de un cambio en la explotación animal con una regulación global, por sobre la libertad de cada país de realizarlo según su conveniencia económica.