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Actualidad Animal

¿Les gusta a los perros que les hables como bebés?

Esto que puede sonar polémico para algunas personas es parte de la cotidianeidad de muchos de nosotros. Les hablamos a nuestros perros con un discurso que guarda muchas semejanzas con la manera en les hablamos a los bebés. ¿Por qué hacemos esto?

Por Marcos Díaz Videla, doctor en psicología, autor del libro ‘’Antrozoología y la relación humano-perro’’.

Cuando nos dirigimos a los bebés y niños pequeños utilizamos un registro especial de habla que a veces es referido como discurso maternal. Para ello elevamos el tono, usamos un registro más amplio y variable (de agudos y graves), y hablamos de manera más lenta, exagerando las vocales.

Esta forma de discurso está influida por lo que se llama esquema infantil. Es decir, nuestras crías humanas cuentan con ciertos rasgos que nos despiertan ternura (por ejemplo, ojos grandes, frente amplia, cachetes redondeados) y generan mayor tendencia a esta particular manera de hablar. Sin embargo, la misma no es caprichosa ni inocente, sino que tiene utilidad.

Se ha demostrado que este registro discursivo es más efectivo para atraer y mantener la atención de los bebés, ya desde su segunda semana de vida. Además, facilita las interacciones sociales con sus cuidadores y la formación de un vínculo con estos. Finalmente, se cree que favorece el aprendizaje del lenguaje y que, por eso, este tipo de habla parental disminuye al año, a medida que surgen las habilidades lingüísticas en los pequeños.

Ahora bien, al hablarles a nuestros perros, tanto mujeres como hombres, usamos un registro muy parecido al que usamos con los bebés: similar amplitud de tonos, mayor grado de armónicos e, incluso, un tono todavía más alto que cuando nos dirigimos a bebés humanos.

Una posibilidad es que el discurso hacia los perros se base en una sobregeneralización del discurso hacia infantes; esto podría ser activado por los rasgos de esquema infantil que los perros comparten con crías humanas. Otra posibilidad es que lo hagamos porque tenga una funcionalidad; es decir, porque nos sirve.

Al estudiar esta forma de discurso hacia los perros se observó que nos valemos de ella con perros de todas las edades. Si bien puede ser levemente más marcada con cachorros, el hecho de que la usemos también con perros ancianos desestima —o al menos deja en lugar secundario— la explicación basada en los rasgos infantiles. Entonces, ¿es útil hablarles así a los perros?

Para evaluar la funcionalidad del discurso maternal hacia los perros es necesario evaluar cómo responden ellos ante este. Los experimentos mostraron que tanto cachorros como perros adultos prestan más atención y muestran más señales afiliativas hacia interlocutores con discurso dirigido hacia perros que interlocutores con un registro propio de la comunicación entre humanos adultos. Además, se evidenció que, para los perros, la prosodia (es decir, sonoridad o musicalidad del habla) así como el uso de palabras típicamente empleadas al dirigirnos a ellos, eran igualmente importantes. Es decir, por sí solas, ni prosodia ni contenido podían explicar la preferencia del perro. Ambos aspectos discursivos recubrían interés para estos canes.

Ahora bien, existen dos diferencias destacadas entre el discurso dirigido hacia infantes y hacia perros. La primera es que el discurso hacia perros se emplea durante toda la vida del animal; mientras que el discurso hacia infantes tiende a desaparecer. Y la otra diferencia es que el discurso dirigido hacia los perros no tiene sobrearticulación de vocales. Esta quedaría ligada a una intencionalidad didáctica lingüística, la cual no está presente en perros, en tanto no intentamos enseñarles a hablar. Curiosamente, sí se encontró presente en el discurso de las personas dirigido hacia aves parlantes. O sea, las personas exageran las vocales cuando hablan a bebés y a loros, pero no a perros.

De modo que, si bien frecuentemente tanto el discurso hacia bebés como a hacia perros se denominan maternales, ambos cuentan con particularidades. Por eso, técnicamente, los perros no prefieren que les hables como bebés, sino como perros. Lo cual, a su vez, guarda bastantes semejanzas con el discurso hacia bebés. Y en ambos se destaca la funcionalidad del discurso: elevar el tono sirve para comunicar emociones y la amplitud tonal para atraer la atención tanto de infantes como de perros, mejorando las interacciones y fortaleciendo el vínculo afiliativo.

Así, es lógico que los perros muestren preferencias como un discurso más similar al dirigido hacia bebés que al dirigido hacia adultos.