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Nicole Arpoulet y su amor por los animales »Tiene que existir una coherencia”

Vive con Navi y Rumi, con quienes tienen una conexión que la maravilla. Es bailarina e instructora de yoga, tiene un estilo de vida que abarca su alimentación e, incluso, prepara sus productos de belleza. Asegura que en cualquier momento de la vida podemos realizar un cambio y hacernos cargo de nuestra salud y bienestar.

POR ISABEL PINTO. FOTOGRAFÍA: GONZALO MUÑOZ.

Nicole Arpoulet (@yoga_nicoletta) nos recibe en su departamento, donde vive junto a su pareja, el doctor Rodolfo Neira; su gata Navi, y Rumi, un Border Collie tan amistoso que trae de inmediato sus juguetes.
Nicole, licenciada en arte con mención en danza, es muy seguida en Instagram, donde se muestra no sólo acompañada de sus animales sino también de sus rutinas saludables, que le gusta compartir a diario con sus seguidores. Su día parte muy temprano, con una sesión de yoga. «Hago mi práctica en ayuno, porque necesito que mi cuerpo esté enfocado, concentrado, física, emocional y mentalmente», cuenta.

Recuerda que cuando estudiaba danza sufrió una lesión y su maestra le sugirió hacer yoga. «Eso fue el 2007 y comencé a googlear en el computador de la biblioteca de la universidad. En ese tiempo, lo único que existía era la Academia Chilena de Yoga. Allí tomé unas clases y me encantó. Dije: esto lo tengo que estudiar para poder transmitirlo, y así fue. Me enamoré, fue amor a primera vista. Es una disciplina muy linda». Comprendió que los ejercicios que le hacían en acondicionamiento físico, en la Universidad de Chile, eran posturas de yoga, sólo que no tenía el concepto.

Su alimentación forma parte de un estilo de vida. «Tiene que existir una coherencia. Siento que alimentarte, de alguna manera, es un acto político. Alimentarte sin tener que depender de las grandes corporaciones, sino yendo donde el señor que cultiva. Yo voy a la Ecoferia de La Reina o a la feria que sea y hablar con el señor que cosecha es un acto político. Hoy tenemos el poder para definir hacia dónde queremos llevar nuestra salud. La gente se está enfermando mucho, hay males que antes veías sólo en los adultos y ahora encuentras a niños y jóvenes con diabetes, que pueden pasar de una dependencia de la comida a depender de un medicamento. La sociedad está en un círculo vicioso, realmente mal, porque cedes tu poder al otro. Esto es una forma de vida, donde dices: yo me hago cargo de mi salud, de mi bienestar y por eso decido comprar en esta parte, a estas personas y alimentarme de esta manera».

Nicole no consume carne. Recuerda que cuando era pequeña iba en las vacaciones de invierno a Quintero. «Una vez acompañé a mi papá y a unos tíos a comprar pescado a la caleta: los sacan y ese pez todavía sigue moviéndose, le cortan la cabeza, preguntan si uno quiere la cabeza, lo filetean, lo abren, la sangre corre… pero normalmente uno no ve eso. A uno le llega el plato con el pescado listo, con ese apanado rico. No lo pude comer». Finalmente, dejó de consumir todo tipo de carne por su conexión con los animales. «Creo que todos partimos por ahí, más que por tener un conocimiento teórico de lo que produce su consumo. Siento que en la mujer sobre todo hay un tema de rechazo. Además, nosotras siempre fuimos las recolectoras, el que salía a cazar era el hombre. La mujer no tiene esa necesidad ferviente, aunque algunas sí, de querer comerse un pedazo de carne. Para mí nunca fue tema. Mi mamá jamás nos obligó a tomar leche; con mi hermana íbamos a los Krishna, donde nos daban tips de cocina y ella nos acompañaba, siempre fue súper abierta, nunca nos dijo que no, ni nos cuestionó».

¿Cómo comienza tu día?

Me levanto súper temprano, hago mi práctica de yoga, tomo un agua tibia con limón y luego mi zumo de apio. Siempre dejo las varitas de apio listas la noche anterior, para después sólo pasarlas por la procesadora. Luego me como un pudding de chía con alguna leche o bebida vegetal, avena templada con canela, fruta y un poco de sirope. Me encantan las frutas, soy adicta. Eso de cuatro o cinco porciones diarias no va conmigo. Después no como hasta el almuerzo. Soy súper sopera: por culpa de mi papá me gustan mucho las cremas de verduras. Me encanta cocinar, siento que es mi forma de meditación, sobre todo hacer cosas dulces. Hay que meterse a la cocina, es la única manera de saber lo que estás comiendo.

Tu estilo de vida, ¿qué efectos en tu cuerpo?

La alimentación y el yoga son una mezcla perfecta, que te da una vitalidad que no sé cómo explicar, pero lo veo en mi piel, en cómo me siento, en la disponibilidad que tengo. Además, la parte del descanso es fundamental. Descansar bien es parte de llevar una vida saludable y la gente no lo está haciendo. Si no duermo ocho horas, no funciono al día siguiente. Insisto, se trata de un estilo de vida con varias aristas, que forman parte de tu manera de ver y llevar las cosas.

A tu juicio, ¿qué alimentos sí o sí debiéramos comer?

Hay que hacer un balance de todo, empezando por las frutas y verduras, ojalá de todos los colores. También los granos son importantísimos, las semillas, los hongos, las setas. La naturaleza es sabia, te da frutas con más agua en verano y frutos más cálidos en invierno, con un aporte nutricional mucho más denso. Necesitamos en esa fecha nutrirnos mejor, almacenar un poquito más de grasita, para que no nos enfermemos, para tener bien el sistema inmune y las defensas altas. Hay que comer harto piñón, castaña, kiwi, cítricos.

Cosmética natural

Fabricas tus productos de cuidado personal. ¿Por qué?

Sí, ahí sale mi parte furiosa contra el testeo en animales. Con toda la tecnología y los avances que hemos tenido, que sigamos testeando en animales lo encuentro insólito. Tú dices: hay muchos avances y por qué seguimos usando a estos seres. La mayoría de las cosas uno se las puede preparar. Sé que requiere tiempo y eso es lo que menos tenemos, pero si gestionáramos bien nuestra vida y la forma de relacionarnos, tendríamos tiempo para estas cosas.

¿Con qué materiales los realizas?

Aceites esenciales, aceites vegetales, mantecas y ¡listo! Los podría hacer más elaborados, pero en general no ocupo cremas, solamente aceites esenciales con mezclas de aceites vegetales. Me preparo el tinte a base de betarraga, igual que el de la boca, y uso pigmentos para crearme las sombras.

Realizas talleres de yoga, alimentación saludable y cosmética natural. ¿Quiénes asisten a tus cursos?

Llegan señoras con sus hijas o nietas y también niñas jóvenes, y eso me encanta, porque es muy transversal. Hay personas veganas que quieren empoderarse y no consumir más cosméticos que testean en animales, muchas personas y mujeres con problemas a la tiroides, a la piel, con dermatitis. Lo que más me gusta y en lo que pongo énfasis es en hacerte cargo, tomar las riendas y decir: yo quiero que mi piel luzca así y me hago cargo de esto. Lo mismo con la alimentación y ser autosustentable con eso, coherente. Alguien puede decir que se hace cargo de su alimentación, pero se echa cualquier producto en la piel. Tienen que ser las dos cosas al mismo tiempo, van súper de la mano.

“Mis maestritos”

Desde pequeña le encantaron los gatos: «Me creía muy bruja (ríe) y siempre tuve conexión con los perros, pero una conexión bonita, no del perro que antes vivía en el patio, se dejaba ahí y se le daban las sobras. Era una preocupación real. Cada vez que pienso en eso me acuerdo de mi abuela, que tenía al perro adentro, no era ese de patio, para cuidar. El perro hoy es parte de la familia, no es el guardián de la casa que se queda afuera. Siento que hemos dado un paso bonito».

Sobre sus compañeros de vida, Rumi y Navi. señala: “Son mis maestritos, así les digo. La Navi, con su templanza, esa capacidad que tienen los gatos, que miran todo como si estuviesen viéndolo por primera vez. Eso siempre me gustó de ellos. La sensación de que nada es igual que ayer, eso me enseña la Navi. El Rumi quita esa seriedad que tengo con ella, me hace reír. Estos seres tienen una fidelidad, son tan especiales, que no va a pasar un día en que no te vayan a pescar, siempre van a estar ahí. El Rumi me recuerda que somos niños y que hay que disfrutar. Es demandante, porque nosotros lo criamos meloso, regalón. Los dos duermen con nosotros y son súper especiales, incluso en cómo se llevan. Me encantan, juegan harto: en la mañana un rato y después en la tarde otro ratito. Les dan los cinco minutos, donde corren por toda la casa”.

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