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Mujer + perros + gatos = conexión perfecta

julio 9, 2018 by Isabel Pinto en Mestizos Magazine

Lo dicen estudios y nuestras entrevistadas: las mujeres logran una conexión tal con los perros o gatos que les permite entender mejor sus necesidades e, incluso, interpretar sus ladridos o maullidos.

Por Carla Ingus Marín.

No son pocas las veces que mi marido me pregunta “¿qué querrá?”, ante el ladrido insistente de uno de mis perros. “Agua”, “comer”, “pipí”, le respondo casi automáticamente, y casi siempre le acierto. Se me ha hecho fácil ir reconociendo e interpretando sus necesidades, y pocas veces me equivoco. Increíblemente, estudios recientes han avalado el hecho de que es un atributo femenino el conectarse más con ellos y, por lo mismo, entenderlos.

Un hecho que queda aún más en evidencia hoy, cuando las mujeres son más independientes, viven muchas veces solas o con su pareja, han postergado los hijos en algunas ocasiones, o bien estos ya son más grandes. De la forma que sea, los perros y gatos han llegado a compartir el dormitorio de mujeres que nunca imaginaron que lograrían una conexión tan estrecha con ellos. Hay sentimientos involucrados, y si bien los hombres también los sienten, es más común encontrar que es el sexo femenino el que lidera agrupaciones animalistas de distinto tipo, se preocupa de los paseos y controles veterinarios, comida y, en general, de todas las rutinas de cuidados.

Investigaciones recientes muestran que es más que una simple percepción. La conexión de las mujeres con sus perros y gatos es tan fuerte que puede compararse con la de una madre con su hijo, reveló un estudio realizado por científicos del Hospital General de Massachusetts (MGH). Según éste, las estructuras cerebrales que se activan cuando las mujeres ven imágenes de sus hijos y de sus propios perros son similares, ¡imagínense!

“Los resultados sugieren que existe una red neuronal común, importante para la formación de vínculos, que se activa de manera similar cuando una mujer ve una imagen de su hijo o de su mascota”, dijo el psiquiatra Luke Stoeckel, coautor del estudio. De ahí se entienden muchos comportamientos que ni nosotras somos capaces de predecir antes de encontrar a ese ser vivo que nos lleva a ver la vida de otra manera.

Durmiendo juntos

“¡Jamás en la vida!”, responde Valeska Silva, de 43 años, sobre si se imaginó que dormiría con un perro alguna vez. “Nunca tuve perro, y mi cercanía con ellos era bastante escasa. Hoy no me imagino sin Zoli, el perro más tierno, tranquilo y regalón del mundo.  Al principio sólo dormía en una esquina, sobre las mantas; hoy tiene chipe libre y lo hace dónde quiera, entre las mantas o arriba”.

El proceso no fue el tradicional; su pololo, Jimy, fue quien tuvo a Zoli desde siempre y por quien Valeska comenzó a vivir con este can. “Desde el comienzo supe lo importante que era su perrito para él. Lo bueno era que siempre ha sido muy bien portado y al poco tiempo se ganó mi cariño. Al comienzo lo más freak para mí era que durmiera sobre la cama…, pero era su espacio. Me costó un poco y sólo dejaba que lo hiciera en una esquina al final de la cama, y sobre el plumón o la colcha, pero al poco tiempo estaba entre las mantas y de hecho le gusta quedarse cerca de mis piernas. ¡Nada qué hacer! Hoy no me imagino sin su presencia en el departamento, y aunque suene raro de mí, también en la cama”.

Más allá de “colonizar” un espacio muy íntimo en la vida de ella, también lograron un vínculo fuerte producto de la experiencia que ha significado convivir con él. “Un perrito es la vida en un hogar; cuando uno regresa a diario del trabajo o de salir fuera de casa, hayas tenido un día buenísimo o horrible, él te espera feliz, se pone muy contento con sólo verte y salta de felicidad. Eso es impagable. Son sentimientos súper genuinos de amor, cariño, fidelidad e inocencia. Zoli consiguió cambiar mi mirada y mi postura ante los perritos y ante los animales en general. Creo que sacan lo mejor de ti, y eso te hace ser un poquito mejor persona”.

En la primera salida Zoli se instaló en su falda y, evidentemente, sentó las bases de una relación que sería estrecha.

Lo más importante

Cony Jiménez, tiene 34 años, vive sola y es la primera vez que decide tener un perro a su cargo. Así llegó Elki a su vida, hace casi un año. “Cuando eres sólo ella y tú las que conviven, el lazo se hace mucho más fuerte”, señala. A partir de su vivencia ha sido capaz de descubrir lo importante que es la relación con un perro, sobre todo cuando es estrecha, cuando no es el perrito que vive en el patio, sino aquel que debe salir todos los días a pasear y su vida depende de ti. “Es quien está presente en todo momento, la compañía constante, y yo también para ella”.

Un mundo se abrió. “No me imagino la vida sin ella; de hecho no me acuerdo cómo era mi vida antes de tenerla, sé que tenía la libertad de irme de viaje cuando quisiera, que cerraba la puerta del departamento y chao, pero como que pienso en esa época y en lo sola que debo haber estado…”, explica Cony. “Es heavy como pasa a ser parte de tu vida, que depende de ti”.

“Ella duerme en mi cama, y en casos tan extremos como cuando vomita, cosa a la que le tengo profundo asco, hasta le he puesto las manos, algo que no he hecho por nada ni por nadie. El mismo hecho de planificar mi vida y mis días en relación a ella demuestra lo importante que es en mi vida. No me gusta dejarla todo el día sola, y tampoco volvería dos minutos de la pega y saldría altiro”.

Hay otros estudios que explican que este vínculo que se da especialmente entre mujeres y mascotas. En una investigación publicada por la revista académica Royal Society of Open Science se descubrió que la gente puede darse cuenta de lo que los perros intentan comunicar cuando gruñen, y que las mujeres hablan más el “idioma perro” que los hombres.

“La Elki significa todo, es mi compañera día a día, sé que llego a la casa y me va a estar esperando, sé que está pendiente, sabemos que al final del día estaremos juntas, y eso obvio que la hace especial. Las veces que he estado enferma o resfriada, ella no se mueve de mi lado. Ha sido la representación de que sí puedo dedicarme y que me puedo preocupar de otro. Creo que después de la Elki soy una mejor persona, soy más conciente de los otros”.

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