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Tener perrhijos no es señal de trastorno mental

Esporádicamente, alguien me comparte el link de una noticia con el titular “Tener perrhijos puede ser señal de trastorno mental”. Al principio, respondía extensamente y luego fui haciéndolo de manera cada vez más acotada. Pero la última vez, respondí que escribiría un artículo al respecto.

Por Marcos Díaz Videla. Doctor en psicología, docente en Universidad de las Flores en Buenos Aires, autor de “Antrozoología y el vínculo humano y perro”.

Esporádicamente, alguien me comparte el link de una noticia con el titular “Tener perrhijos puede ser señal de trastorno mental”. Al principio, respondía extensamente y luego fui haciéndolo de manera cada vez más acotada. Pero la última vez, respondí que escribiría un artículo al respecto.

Esa nota, que ha sido replicada en varios medios digitales, está plagada de errores –más allá de la conjugación del verbo poder–, falacias y malentendidos. Así que, ¡vamos a revisarla!

En todas sus variantes, la única fuente que recogen es la opinión del veterinario especializado en comportamiento animal, Moisés Heiblum, un académico de la Universidad Nacional Autónoma de México, de reconocida trayectoria.

Algunas versiones del artículo inclusive encabezan con “Según estudios, tener perrhijos…” o “Este estudio…”, pero no hacen ninguna referencia a esos supuestos estudios. En una búsqueda de artículos académicos, no pude encontrar ninguno de este autor que hiciera referencia a perrhijos, humanización o antropomorfismo de animales, ni a trastornos mentales humanos. Con lo cual, acá se hace evidente la primera falacia, de autoridad (o argumento que apela al bastón). Según ésta, se pretende hacer algo verdadero porque lo dice alguien que tiene autoridad, aun en ausencia de fundamentación.

Sumado a esto, algunas versiones del artículo aseveran que tener un perrhijo es un indicador de trastorno mental y otras versiones aseguran que tenerlo causa trastornos mentales. O sea, algunos artículos dicen que los trastornados solemos tener perrhijos, mientras que, para otros, tener perrhijos nos trastorna la cabeza. En ningún caso, se especifica a qué trastornos mentales se hace referencia. Esto parece más grosero que lo anterior.

Para diagnosticar en salud mental, los profesionales solemos usar el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM). La versión más nueva, diferencia 216 trastornos. Absolutamente ninguno tiene como indicador a los perrhijos, la humanización, ni el afecto hacia los animales. Ninguno.

La segunda versión de aquel enunciado incurre, además, en la falacia de la correlación (o con esto, por tanto, a causa de esto), donde se infiere que por el hecho de que dos fenómenos se presenten juntos, uno está causando el otro. Yo suelo pasear a mis perras por las tardes, pero ni mi paseo causa la tarde, ni la tarde causa mi paseo, sino que ambos suelen ocurrir en simultáneo. Probar una causalidad requiere de experimentos complejos. Claramente, no es este el caso. De hecho, acá, como dijimos, no hay ningún estudio respaldatorio. Pero, además, en salud mental no hablamos de causas de los trastornos mentales. Todos los trastornos mentales implican la interacción de múltiples factores (genéticos, biológicos, ambientales, sociales, etcétera) que favorecen su manifestación, pero ninguno en sí mismo lo puede causar.

Sumado a todo esto, el argumento muestra una inconsistencia lógica: por definición, un trastorno mental es un patrón de conducta y pensamiento, que se aparta marcadamente de lo esperable en esa cultura, y que provoca malestar y disfuncionalidad (como problemas laborales, en las relaciones sociales, etcétera). Esto no condice con lo que sucede en la práctica con los perrhijos. En la sociedad occidental actual, pensarnos como padres de nuestros animales de compañía es absolutamente normal. En mi estudio en Buenos Aires, el 60% de los tenedores de perros indicó considerar que sus animales eran como hijos para ellos. En tanto, esto es lo más frecuente, no puede considerarse indicador de trastorno mental, sino que, por el contrario, es más bien, lo esperable.

Finalmente, las consecuencias de los trastornos mentales son el malestar y la disfuncionalidad. La mayor parte de los estudios sobre la cuestión muestran que las personas más apegadas a sus animales reciben beneficios fisiológicos de la relación (como menores parámetros de estrés) y psicológicos (como mayores sentimientos de seguridad y autoestima). Si no pensáramos en términos humanos a nuestros animales en alguna medida, perderíamos la posibilidad de considerarlos como verdaderas fuentes de apoyo emocional y los beneficios derivados de esto.

Adicionalmente, múltiples investigaciones han determinado que los animales favorecen las interacciones sociales, e incluso, mejoran la imagen pública de sus custodios, haciendo que la gente los perciba como más confiables y atractivos.

En resumen, es absolutamente ilógico afirmar que una conducta (tener perrhijos) que es estadísticamente normal, que aporta bienestar y mejora las interacciones sociales, puede ser considerada un indicador de un trastorno mental.
Claro que, no siempre lo que uno dice es lo que el otro entiende. Y menos aún, lo que un medio decide publicar. Interesado en intercambiar directamente con este profesional, me propuse contactarlo. Yo estaba listo para debatir.

Desgraciadamente, el académico Moisés Heiblum falleció en agosto de 2018, apenas después de que se divulgaran esos artículos. Por lo mismo, el intercambio no fue posible…

Debo reconocer que acá yo me remití a argumentar sobre la salud mental humana, y no sobre la del animal. Quedará pendiente para una próxima oportunidad, así como también el debate, el cual, lejos de ser una pelea, es lo que necesitamos para desarrollar un pensamiento crítico, intercambiar y aprender de diferentes perspectivas.