Mestizos Magazine

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Entrevista a Ivette Vergara y Amy

Desde pequeña “aguachaba” perritos y se transformaban en parte de su familia. Ahora solo vive con pastores alemanes que admira por su buen carácter, obediencia y cariño. Le han traído mucha felicidad, pero también tristeza al verlos partir, como Laika que murió a consecuencia de una negligencia médica el año 2016.

Cuando entramos en la casa de Ivette Vergara, nos reciben dos pastoras alemanas muy energéticas. La más tranquila se llama Amy (3), se la regaló una prima de Fernando Solabarrieta, su marido; y la más revoltosa es Kayla. Tiene solo un año, así que se sigue comportando como cachorro y así se explica que no existan cojines en el patio -los hace pedazos-. Su nombre es el revés de Laika, otra pastora que murió el año pasado por una negligencia médica. Como no puede mantenerse quieta, ¡no logramos que apareciera en las fotos!

“Siempre me gustaron los pastores, y siempre tuve dos perros. Hace años falleció una, quedó la Laika sola, y me daba pena porque estaba acostumbrada a estar en pareja. Andaba con mucha pena, así que llegó la Amy, que era igual de loca que Kaila; pensé que no se le pasaría nunca, pero sí. Cuando murió la Laika, la Emy cambió del cielo a la tierra, maduró mucho. La Emy te saltaba encima apenas llegabas, pero ahora siento que se adueñó de la personalidad de la Laika, como que la “poseyó”, se mimetizaron. Ahora las veo y hasta se parecen en la foto, es como que el alma se le metió en el cuerpo. Increíble”, relata Ivette, periodista y panelista de “Mucho Gusto”, de Mega.

Cuando vivía con sus papás tuvo perros más pequeños. Incluso recuerda que cuando ganó Miss Paula a los 17 años, le regalaron un auto y se los prestó a sus papás para que fueran a veranear a La Serena. Su papá es de esas personas que andan siempre con comida para los perros y esas vacaciones no fueron la excepción: estuvo un mes dándole comida a una perra. Cuando venían devuelta para Santiago, su papá mira por el espejo retrovisor y la perrita venía corriendo por la carretera, como en las películas. “Abrieron la puerta, y se la trajeron.  Se fue a vivir con mi abuela, y parecía una chancha de tanto comer, andaba con chaleco, no se podía tirar de la cama de lo gorda. Se transformó en la hija de mi abuela por 18 años.

¿Tuviste más perros sacados de la calle?

Sí, todos los perros que tuve fueron adoptados. De chica era buena para aguachar perros y, como a mis papás le gustaban, nunca me dijeron no. Siempre recuerdo a la Picha, que se la llevó la perrera en ese tiempo. Como me habían dicho que pasaban esas cosas, yo la dejaba en la casa encerrada antes de irme al colegio a Santiago -vivía en Talagante-. Y ese día, la abracé mucho del cuello, era mi partner, me acompañaba a todas partes.  No sé en qué minuto se arrancó de la casa, quizás mientras mi mamá hacía aseo, y nunca más volvió.

El año pasado murió tu perrita Laika repentinamente. ¿Cómo se dio ese proceso?

Fue terrible. Tenía 7 años, pero fue muy traumático porque fue negligencia. Después de mucho tiempo, como que se enfermaba, le daba antibióticos. Me dijeron que tenía displacía, después me dijeron que la operara porque tenía algo en la médula, después no sé… se le caía el tren trasero, pero con antibióticos se mejoraba. Cuando los dejaba, empezaba con ese problema. La llevé al neurólogo, a muchos especialistas, me mandaron hacer resonancia magnética, etc. Se la hice, y después de dos años se descubrió que era una hernia. No sabíamos si iba a quedar bien. Le hicimos los exámenes, y los últimos días arrastraba la patita, la llevé al médico para los últimos exámenes, para operarla al día siguiente. El médico me dijo que para el dolor de la patita le hiciera masajes no más, y ahí estaba yo a la una de la mañana haciéndole masajes en su patita porque no se paraba de su casa.

Pobre. ¡Qué dolor!

El niño que viene a pasearlas, me dijo que la Laika estaba mal, y yo le dije que le hiciera masajes no más, pero me mostró que tenía la pata con una infección. Como el veterinario que la estaba atendiendo no me contestaba, le mandé la foto a otro médico y me dijo que la llevara urgente. En el camino le vino un infarto, porque el médico que la vio para sacarle los exámenes no le tomó la temperatura el día anterior y ella estaba volando en fiebre. Me dolió porque me preguntaba cómo no me di cuenta que estaba volando en fiebre, tampoco podía creer que estos médicos que se jactan de ser bacanes, de tener tantos títulos, en lo más básico, como es tomar la temperatura, se cayeran.

¿Le mandaste algún mensaje al médico?

Sí, le dije que se acababa de morir, que tenía una infección. Era tan grande la infección, que la bacteria que se le metió le estaba comiendo el músculo. En la veterinaria, trataron de limpiarle la herida y se dieron cuenta, y después le vino un segundo paro. Eso debe haber pasado por hacerle tantos exámenes, se debe haber pegado una bacteria intrahospitalaria. Se dio todo para que no se salvara.  El médico que la trató solo me dijo que lo sentía tanto, y me daban ganas de decirle tantas cosas. No tendría por qué haberse muerto. En el peor de los casos iba a quedar caminando con un carrito, pero jamás morirse. El ánfora la tuve hace dos semanas no más, estaba esperando que llegara mi hijo de Estados Unidos, estar todos juntos para enterrarla, y al final nunca topábamos todos, así que la enterramos no más. Se me han muertos 3 perros antes de ésta, pero las otras eran viejitas, eran muertes esperables. Te juro que la casa se sentía tan vacía sin ella.

Tienes solo perros grandes. ¿Por qué siempre pastores alemanes?

El primer pastor me lo regaló Felipe Camiroaga, la Amaika. Se la habían regalado a él, pero él tenía su perro que se llamaba Perro, un pastor alemán precioso. Un día estábamos en el canal, y me pareció tan linda, y me dijo que me la podía regalar para después cruzarla y ser consuegros. Llegó con su camioneta a dejármela a mi casa, era hermosa.

¿Cómo es su personalidad?

Son súper obedientes, de buen carácter, dóciles con los niños, nunca tuve el miedo que los fueran a morder. Igual siempre les enseñé que había que tratarlos con respecto, le podían hacer cariño, pero no podían montarse, tirarle la cola o la oreja, porque finalmente son animalitos. Ellos son súper querendones de los niños. Cuando el mayor tenía meses y yo tenía la Amaika, lo dejaba sentado en el columpio, iba a la cocina, y la Amaika se quedaba con él hasta que yo volvía. Lo conversaba muchas veces con los Carabineros porque donde yo vivía pasaban haciendo rondas y más de alguna vez me la pidieron para cruzarla con uno de los perros de los Carabineros. Una vez intentamos, a la perra no le gustó, le sacó la cresta y lo tiró a la piscina. Se cruzó con el perro de Felipe al final, y apenas llegó el perro estaba feliz. Es fácil de entrenarlos, tienen buen carácter.

¿Entran a la casa?

Si estoy viendo tele, me gusta que estén al lado mío. Si están pelechando, se van para afuera. La Amy entiende todo. Puedo estar haciendo ejercicio, y si le digo que no entre, me mira desde afuera.

Tienes harto patio. Uno pensaría que no es necesario sacarlos a pasear, pero los sacas igual.

Me gusta que salgan afuera, que se muevan. Por otra lado, prefiero que conozcan el sector por si se arrancan. Quiero que tengan sentido de la orientación. Con la más chica ha sido un desastre. Fui a ver a mi hijo a Estados Unidos, se me arrancaron y terminaron en el Mall Los Trapenses. Mi hija me llamó cuando y estaba arriba del avión para decirme que tenían “una situación”, que las perras se habían arrancado hace una hora cuando entró su profesora a la casa. Salieron a la una de la tarde y volvieron a las seis. Me podía morir, estaba sin señal…

¡Menos mal que nadie se las llevó!

Como son pastoras, a veces a la gente les da miedo. De hecho, el guardia del mall las vio, se le acercaron, pero igual intimidan, sobre todo la chica porque está desarrollando carácter. El guardia quiso amarrarlas con el cinturón, pero pensó que lo podían morder.

¿Están esterilizadas?

Todavía no, porque quería cruzarlas. A los ocho meses tuve que operar de la cadera, de displacía, a la más chica, así que no puede.

Una vez te escuché decir que a tus hijos les dabas responsabilidad con los perros. ¿Cómo lo haces?

Me cuesta igual ahora que mi hijo chico tiene 14 años. Cuando los perros son chicos, cachorros, pasan de mano en mano, pero cuando crecen no son tan entretenido para los niños. Siempre les digo que los cachorros son todos lindos, pero cuando crecen necesitan los mismos cuidados o más: sacar la caca, agua fresca, pasearlos, peinarlos, llevarlos al veterinario. Ayudan pocazo los niños, pero si recuerdo cuando yo era chica, tuve conejos, ardillas y finalmente mis papás arreglaban todo. Cuando los niños empiezan con que quieren tener hurones o erizos, les digo que ninguna posibilidad. Después voy a estar yo o mi nana pendiente de todo.

En “Mucho Gusto” casi todos tienen mascota. Uno ve una responsabilidad social con el tema.

Por coincidencia se dio que todos somos fanáticos de los animales, y tiene que ver con la crianza. Si desde chica tuviste conexión con la naturaleza y animales, uno los aprende a querer. También conozco gente que sus papás nunca los dejaron tener animales, y eso crea cierta distancia.

Con respecto a tus hábitos sustentables, ¿qué haces?

En esta comuna repartieron basureros de reciclaje, y pasa un camión de reciclaje que ayuda harto porque no tienes que ir a dejar los plásticos y cartones. La función de los colegios ha sido súper importante, los niños te hablan de no dejar el agua corriendo, y así uno se pone más responsable con los horarios de riego. No vas a regar las 3 de la tarde.

Trabajas con el feng shui, tu casa está ordenada por sus principios. ¿Los animales aportan energía a una casa?

Sí, por supuesto. Todo lo vivo ayuda, aporta mucha energía positiva. Lamentablemente, a veces las malas energías la absorben ellos. Las plantas también aportan energía positiva. No tengo nada muerto en mi casa, como hojas secas o conchitas del mar. Todo lo que esté dentro de tu casa tiene que darte vida.