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Jugar con tu perro: un retorno a la infancia

enero 15, 2019 by Isabel Pinto en Mestizos Magazine

Sabemos que cuanto más integrado esté nuestro perro en las actividades diarias que realizamos, más cercana será la relación que tengamos con ellos.

Por Marcos Díaz Videla, Doctor en psicología, docente  en la Universidad de Flores, Buenos Aires. Autor de ”Antrozoología y el vínculo humano y perro”.

Si bien las interacciones entre humanos y mascotas usualmente se organizan de manera asimétrica –nosotros decidimos cuándo comienzan y en qué minuto finalizan–, muchos dueños consideran a sus animales como socios y compañeros.

Los paseos, la mirada recíproca y el acto de hablar por los animales —cuando nos imaginamos su perspectiva y le ponemos palabras humanas— son elementos amistosos de la relación y resultan centrales para estar conectados afectivamente. Entre estos aspectos, es posible que el más destacable sea el juego.

Jugar suele aceptarse como una actividad propia de los mamíferos y algunas aves. Asimismo, se entiende como una acción reglada, llevada a cabo espontáneamente por un animal pese a no resultar evidente su utilidad. En principio, no parece ayudar a incrementar la supervivencia de quien la practica, sino que se realizaría con el mero fin de proporcionar entretenimiento o diversión.

En el ámbito doméstico, es usual que los seres con quienes más juegan los perros sean los humanos. Es claro que esta actividad ocupa un lugar central en las interacciones de los perros con sus custodios, y fortalece la relación entre ambos.

Tradicionalmente, algunos investigadores habían argumentado que el juego humano-perro buscaría compensar una deficiencia en el juego entre canes. El argumento era que éstos jugarían con los humanos en tanto no tuvieran otros perros para hacerlo. De esta manera, el juego perro-humano estaría compuesto por los mismos patrones de comportamiento y no sería muy diferente a la entretención entre perros.

Un equipo de investigadores en Inglaterra se propuso evaluar esta teoría. En una primera parte del estudio, observaron los comportamientos de canes que paseaban solo con sus dueños y de otros que lo hacían además con animales de su misma especie. Encontraron que aquellos que paseaban con otros perros, teniendo la posibilidad de jugar entre sí, se divertían con sus dueños con la misma frecuencia que los que paseaban solos. Es decir que tener más perros con quienes jugar no limitaba ni disminuía el entretenimiento con el humano.

Los investigadores fueron más allá y en una segunda fase, realizaron un experimento en el que les entregaron juguetes a los perros y los hicieron jugar en duplas. Las mismas podían componerse de dos canes, o de uno y un humano. Así se observaron y compararon ambas formas de juego. Los animales se mostraban más interactivos y menos posesivos respecto de los objetos cuando su compañero era un humano.

Este experimento aportó evidencia concreta para fundamentar que el juego humano-perro resultaba estructuralmente diferente y respondía a motivaciones distintas que el de dos perros. De este modo, los motivos que llevan a los canes a jugar con humanos son particulares y además se dan de manera diferente.

Así también, los humanos juegan de forma distinta con sus perros. A diferencia de la diversión humano-humano, en que la competencia es un factor central, el juego con el can no tiene ganadores ni perdedores en tanto el objetivo compartido es continuar la interacción.

De acuerdo con los estudios, entre las formas más frecuentes de juego que los perros desarrollan con sus humanos se encuentran: (1) ir a buscar elementos arrojados, (2) tironear de un mismo objeto, (3) molestar alegremente al perro, como tomarle una pata o acercársele lentamente, y (4) enseñarle al perro nuevos trucos y destrezas. Otras formas incluyen luchar con el perro, perseguirlo, acariciarlo o rascarlo enérgicamente, soplarlo o imitarlo.

Los juegos que los humanos más disfrutan son aquellos en los que hay más contacto físico entre ambos y el humano participa de manera activa. ¿Cómo llegaron los investigadores a esta conclusión? Simple: al observar a humanos y canes jugando, detectaron que los primeros sonríen más cuando están en movimiento y hay más cercanía física con los perros.

Finalmente, para la mayoría de nosotros, a los que la vida adulta parece indicarnos que debemos mantenernos serios y formales, nuestros perros nos brindan la posibilidad de volver a sentirnos como niños y divertirnos, en un juego especial, en el que el éxito se basa solo en compartir y disfrutar.

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