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Marita García & Panda »El amor sana»

agosto 5, 2019 by Isabel Pinto en Mestizos Magazine

La actriz adoptó, junto a su pareja, una perrita que había sido víctima de maltrato. La conocieron en una clínica veterinaria, donde estuvo internada debido al complicado estado de salud que presentaba cuando fue rescatada. »Estaba muriéndose; la vi y me puse a llorar a mares», recuerda.

POR ISABEL PINTO G.        FOTOS: GONZALO MUÑOZ F.       MKUP: SOLE DONOSO A.

María de los Ángeles García, actriz e instructora de yoga, hace clases de esta disciplina en Yoga Mandiram, espacio cuyo dueño es Esteban Cabezas, su pareja. Allí nos recibe con Panda, el centro de atención del lugar y la encargada de dar la bienvenida a los alumnos que asisten a la escuela.  A Marita siempre le han gustado los animales. Para ella representan un amor incondicional y por lo mismo decidió dejar de comer carne hace más de diez años. “El amor por los animales es tan puro, es un sentimiento que no tiene racionalidad”, dice.

Recuerda con cariño a Naima y Matilde, dos de sus perritas que vivieron muchos años: “Es súper fuerte cuando se muere un animalito que estuvo contigo 13 o 17 años, porque es una constante. La vida da muchas vueltas, uno se cambia de casa, pero este amigo siempre está contigo y realmente lo extrañas. Siempre va a quedar la sensación de extrañar a un amigo”.

La alegría de la casa

La actriz y su pareja no habían pensado en tener perro. Sin embargo, unos amigos, animalistas y veganos, le contaron que cerca de su casa había varios perros en malas condiciones. Entre ellos, una perrita muy flaca, que no se movía y que vivía debajo de un auto. Les dijeron que querían hablar con los dueños para que se las entregaran y pensaron que ellos podrían ser su nueva familia. “Uno sabe el compromiso que implica tener un perro. Es tu hijo, debes buscar lugares donde puedas ir con él o pedir comida para la casa, adecuar tu vida. Esteban, que es más ingenuo, dijo: ¡sí, ya amor, aceptémosla!” (ríe).

Sus amigos la fueron a buscar y les preguntaron si querían que les enviaran fotos para conocerla, pero prefirieron hacerlo en persona. “Al segundo día de irse con mis amigos, Panda cayó muy enferma, estaba muy mal, desnutrida. La llevaron al veterinario para que le hicieran una revisión y quedó hospitalizada”, recuerda Marita.

¿Estaba grave?

Sí, se iba a morir. Creo que no tenía un sistema inmune muy activo, no había sido bien alimentada, estaba realmente en desnutrición. Todo lo que comía lo vomitaba o hacía diarrea.

¿La fuiste a conocer a la clínica?

Sí, fue algo que nunca pensé. Tienes la ilusión del perrito y conocerla en ese estado… El veterinario nos dijo “no quiero ser pesimista, pero puede que no sobreviva, está con tratamiento a la vena, con suero, mucho medicamento y no responde bien”. Todo cambió del cielo al infierno, pensé que ni siquiera había alcanzado a amarla todo lo que había soñado y podíamos perderla. Fue heavy, una sensación muy rara.

¿Qué sentiste cuando la viste por primera vez?

Me puse a llorar a mares, porque la vi muy desvalida. Ni siquiera movía su colita cuando la conocimos, no tenía energía para eso. No podía mantenerse de pie, porque no tenía musculatura. Soy vegetariana y el veterinario me dijo “puedes intentar traerle pollito”, y yo: ¡ogh, cocinar pollo! Ese mismo día fui a comprar y rezaba mientras hacía el pollo. Lo tuve que meter en la procesadora, porque ella no podía morder. Empezó a responder súper bien al tratamiento de regaloneo a través de la comida, ha sido un vínculo que nos ha agarrado fuerte.

¿La visitabas?

Sí, todos los días, estuvo 12 internada. Le daba el pollito, unas caricias, unos besitos, le llevaba juguetes, una polera, una frazadita, alguna cosa mía, para que sintiera mi olor. Cuando llegaba, empezaba como a intentar pararse, porque sabía que venía este paté de pollo. El amor sana, esa es la revelación. Un perrito sin amor en esas condiciones, no sobrevive. Ella esperaba que nosotros fuéramos, nos turnábamos con nuestros amigos para que ella tuviera varias visitas al día, ojalá tres. Después me dejaron sacarla de la jaula y tomarla en brazos. ¡Ese era mi momento favorito! Me sentaba en el suelo y la tomaba en brazos.

Te empezaste a enamorar de ella.

Totalmente. Ni siquiera podría decir que fue enamoramiento. Al inicio fue más un instinto de protección muy fuerte. Y cuando por fin la fuimos a sacar, porque nos dijeron “está bien”, aunque con mil cuidados, ahí empezó la vinculación desde otro espacio, en la casa. Nuestra relación ha sido día a día, de avance y retroceso, siempre evolucionando, porque al final evolucionar es eso.

¿Es distinta la relación con una perrita que ha sido maltratada?

Es otro mundo, ella no cruzaba los umbrales de las puertas, ninguno, le daba susto. La escoba ha sido otro tema: he tenido que bailar con la escoba para que ella comprenda que es juego y así poder barrer. En un minuto pensamos buscar la ayuda de un especialista, porque no se adaptaba bien a la rutina que tratábamos de enseñarle, pero al final no fue necesario; sólo hay que tener paciencia. Hace un mes y medio floreció nuestro amor por ella, ¡fue un destello! Ahora sólo pienso en ella. Estoy súper enamorada, voy a comprar algo y paso sí o sí a ver juguetitos… la excusa es que así no va a destruir algo en la casa (ríe).

¿Le gusta acompañarlos a la escuela de yoga?

Sí, ella nunca está sola, siempre ha venido a la escuela, nos acompaña. Está con Esteban en la oficina o abajo en la recepción, con Dulce María, que es vegana, animalista y la ha amado desde el día uno; ha hecho todo para seducirla. Los practicantes de la escuela también llegan y la saludan, ella apenas mueve su cola, pero recibe caricias de todo el mundo. Es el centro de atención en este lugar.

Cambiaste su vida…

Ni siquiera puedo pensar en cómo le cambié la vida, sólo pienso en cómo ella cambió la mía. Soy demasiado feliz con ella. Es un sol, que nos une y desune, porque literalmente se quiere acostar al medio de nosotros: nos abrazamos, nos damos besos y ella tiene que venir a poner su lengua en la lengua de nosotros (ríe). Es súper hija única y Esteban también está enamorado de ella.

¿Qué es Panda para ti?

¡Ay, mi chiquitita! Es la alegría de mi casa, es la simpleza. La importancia de lo simple. Uno se enrolla con tanta cosa, somos tan adultos y humanos, y es tan bueno ver un perro que está feliz con su platito de comida o una galletita especial. Los niños también tienen esa energía de volver a lo simple, y se agradece.

“Me enamoré del yoga’’

Para Marita su relación con el yoga fue un pololeo intermitente que tuvo por muchos años. Pero, hace cinco, mientras grababa “Pituca sin lucas”, una teleserie exitosa y que la tuvo muy expuesta, se dio cuenta que pese a que amaba actuar, necesitaba hacer otra cosa. “Había una parte de mí que no estaba siendo nutrida y dije: tengo que estudiar algo más, no me puedo dedicar sólo a esto. No era muy feliz en esa época. Así que vine directamente aquí (a Yoga Mandiram) y pensé: quiero ser instructora de yoga”.

Así de decidida…

Sí, necesitaba un as bajo la manga. Y fue loco, porque llegué y el niño de la recepción me dijo “no te puedo inscribir en el plan de formación de profesores, si es que no has tenido una cita con Esteban, que es el dueño de la escuela. Te tiene que explicar la malla, porque estás invirtiendo plata”. Y le respondí: ¡no me importa, lo voy a hacer, resérvame el cupo! Se demoraron un par de días y tenía que hablar con este señor para poder firmar el documento, pero estaba segura. Y bueno, conocí a Esteban. No podría decir que fue amor a primera vista. Sí lo encontré interesante, atractivo, pero no era el momento.

¿Qué rol tiene el yoga en tu vida?

Es un canal del que salen varias ramas, pero que las enlaza y nutre. Sabía que era lo mío. Antes había trabajado en espacios budistas, lamas y monjes; fui a la India un par de veces, tenía una conexión, pero ahora puedo tenerla a diario. Me metí con todo, mucha práctica personal, empecé a hacer amigos, gente con la que me entendí rápidamente. Me siento muy nutrida, me enamoré del yoga. Creé FEY (Fundación de Educación en Yoga) y hago clases para niños, en su mayoría inmigrantes, en Quilicura. Voy dos veces a la semana, veo las herramientas sencillas, desde la respiración hasta tocar tu cuerpo con amor, y es nutritivo en todas las escalas. Veo cómo eso transforma milimétricamente a niños que no tienen otro espacio donde no sean exigidos, están en otro país, en el que se habla otro idioma, sus papás trabajan todo el día, no sabemos cómo se alimentan, un montón de cosas…

¿Qué hace Panda cuando practicas yoga?

En la escuela, se pone afuera de la sala que está en el segundo piso. Siento sus patitas, llora, me mira como diciendo ‘’cuánto te falta’’, baja y vuelve a subir. La gente de acá la adora, nadie se molesta. Les parece lo más tierno que hay, cómo no te enternece un perro, te calienta el corazón. En la casa le gusta acostarse en el mat, me pongo en la mampara, ella viene y se acuesta, la tengo que sacar. Siempre me interrumpe, porque quiere estar cerca.

Vegetariana pronto vegana

Marita es vegetariana hace diez años. ‘’Estoy en el punto en que debería saltar al veganismo. Nunca me gustó demasiado la carne, pero me hice vegetariana por un tema ético, moral. Hay un velo que no deseo volver a poner. Es un tema cómo se trata a los animales. Para mí, un tuto de pollo no es distinto al de mi perro. Mucha gente dice ‘soy dog lover’, pero comen vaca. Mi perro, al que amo, tiene juguetes y una cama con un guatero cuando hace frío, es igual a un pollo; es lo mismo.

Eres embajadora de Natura, ¿te preocupa que los cosméticos no sean testeados en animales?

Ellos me buscaron y les pregunté si eran libres de testeo. Me dijeron que sí, pero que no tenían certificación PETA. Desde el 2006, Natura no testea. Igual hay gente que dice “no tiene certificación PETA, no creo en Natura”. Pero hace más de un año le dieron la certificación Leaping Bunny, que es la internacional, y con eso la gente se quedó tranquila.

¿Piensas seguir compatibilizando las clases de yoga con las teleseries?

Estuve grabando hasta el año pasado (“Verdades Ocultas”, de Mega), pero estaba muy cansada, así que me salí. Por ahora no tengo proyectos de tele. La fundación me ha dado mucho que hacer y estoy feliz de poder estar ahí al 100. Si estuviera grabando, no tendría tiempo, no estaría todo el día con Panda… me encanta llevarla a jugar y poder practicar yoga.

Si quieres tomar clases con Marita (maritagarcia8) puedes hacerlo en Yoga Mandiram

Web: http://www.yogamandiram.cl
Instagram: @mandiramyoga
Dirección: Huelén 78, Providencia.

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