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Pablo Macaya: “Tengo perros porque me gustan, los quiero y ellos a mí”

El actor de “Soltera otra vez 3” ama ver a los perros en su ambiente natural, corriendo y jugando constantemente. Por esa misma razón no tiene perros en su departamento en Santiago, pero en su casa de Curacaví cobija a 4 perros adoptados. En esta oportunidad lo acompaña Kimei, una rescatada por la Fundación Stuka de tres meses, que hoy se encuentra en adopción.

No le gusta el “buenismo”, mostrarse bueno frente a la gente, como él mismo lo define. Pablo Macaya siente que los animales son una bandera de lucha que te vuelve bueno, y no le gusta mostrarse de esa forma. “¿Soy bueno porque cuido a mis perros y pongo mi rostro para la campaña? Me da lata aparecer como buenito, pero amo los perros”, dice con total honestidad el guapo actor que interpreta a “Álvaro” en “Soltera otra vez 3”, de Canal 13.

Cuando niño no tenía perros, sólo gatos. Se dormían encima de él y hasta lo iban a dejar a la micro cuando iba al colegio. ¿Por qué no tenían canes? A su mamá no le gustaban porque destrozaban el jardín. Después de vivir en departamento, el 2002 se cambió a una casa en Santiago, y recién en ese momento comenzó a pensar en convivir con uno. “Siempre quise tener perros, y cuando tuve mi casa empecé con dos Pastoras de Brie que me regalaron. Bueno, la segunda la adopté. La tenía un tipo en una casa siempre amarrada y el veterinario que la bañaba en la peluquería no se la devolvió y, como sabía que tenía una, me la pasó. La Mona y la Pepa se llamaban”.

Pasaron tres años, y Pablo se fue a vivir a Curacaví junto con ellas, porque era un lugar mucho más barato y tranquilo. “No me gusta la multitud. Me gusta estar solo, es más provechoso. He sido bien sociable en la vida, pero a estas alturas de la vida…, la naturaleza es muy buena”. Hace 4 años volvió a Santiago porque nació el primero de sus dos hijos, pero vuelve constantemente. “Siempre me ha gustado el bosque, los cerros, incluso fui scout cuando chico. Lo pasé muy bien siendo scout desde los 12 años, aprendí mucho sobre la naturaleza”, destaca.

¿Lo recomiendas?
Te enseña a desenvolverte en armonía con la naturaleza, y eso es muy bueno. Más que ser scout, recomiendo el acercamiento a la naturaleza. Bueno, cuando niño como máximo vas de camping con tus papás, cosa que yo nunca hice, pero en scout es otra cosa: tienes que hacer tu baño, tus letrinas, vas de excursión, convives con la naturaleza y animales desde muy chico.

¿Qué haces cuando estás en Curacaví?
Todo, principalmente el jardín, plantar árboles, riego, podo. Al principio hacía todo, y ahora me ayudan algo. Ahora trato de ir lo más posible; de hecho, después de esta entrevista me voy para allá.

¿Cuántos perros tienes?
Cuatro. Un Golden, Edison (7); la Agüita, una quiltra que parece pastor alemán de seis años; otro que me regaló un actor, Álvaro Espinoza, Boyero, y un allegado que lleva tres meses, un perro negro muy bonito llamado Bronco. Llegó cachorrito. Yo creo que lo fueron a tirar, lo abandonaron, así es que viven todos juntos.

¿Puros perros grandes?
El Bronco es chico todavía, pero va a ser grande creo. La Agüita es mediana, pero súper larga, y Boyero es redondo y chico (ríe).

¿Todos viven fuera de la casa?
Sí, tienen sus casas y sus rincones. Salen, vuelven, son pacíficos y se portan muy bien. Ladran y todo, pero nunca tuve un problema.

Muchos pueden preguntar por qué dejas que salgan y entren de la parcela…
Mucho tiempo he cerrado el sitio, y se salían por cualquier parte. Cuesta a veces cerrar las parcelas. Se portan bien, pero sí atrapan conejos, a veces.

¿Qué cuidados tienes para estos perros un poco silvestres?
No los llevo muy seguido al veterinario, pero les doy sus pastillas para desparasitarlos. Si veo que están enfermos, los llevo. Tengo un cuidador que los ve todos los días. Ahora siento que me echan de menos, porque no es lo mismo que cuando vivíamos juntos todos los días.

¿Cuándo volviste a Santiago?
Hace cuatro años, desde que nació mi primer hijo. Es difícil acostumbrarse a la ciudad de nuevo, pero de a poco. Si no tuviera niños o mujer, estaría allá.

¿Le inculcas el cuidado de los animales a tus hijos?
Siento que todos los niños tienen una conexión especial con los animales, para ellos son casi personas. Tienen una relación natural con ellos, es natural compartir con perros y una gata en Santiago. También nos preocupamos de que conozcan: han andado a caballo muchas veces, han visto iguanas en viajes. Venimos llegando del sur y rayaron con todos los animales. Comparado con el niño que fue uno, veo a ellos más conectados con los animales, tienen más cultura sobre los cuidados. Es una evolución positiva en la sociedad.

¿Tienes una gata además?
Sí, es de mi mujer y vive con nosotros en el departamento en Santiago. Tiene 12 años, se la trajo de Italia. Es una gata muy celosa, me costó ganármela. Me atacaba durante mucho tiempo, es bien malgenio. Los hombres somos como una invasión en su vida (ríe). Ahora ya se calmó, se deja hacer cariño y todo. Este es el panorama: dormimos con la gata y los niños, una multitud en la cama.

¿Te gustaría tener un perro en el departamento?
No me gusta la idea que estén en un departamento. Me gusta que corra, que haga lo que quiera, que haga cosas de perro. Un departamento me parece muy triste para ellos. No dudo que hay perros felices en departamento, pero yo prefiero que no.

Claro, los has visto en medio de la naturaleza.
Sí. Mis dos primeras perras las tuve en Santiago dos años en una casa con buen patio, pero cuando llegamos a la parcela se transformaron en perros silvestres. Se movían de un lado para el otro felices, les cambió la vida. Vivieron hasta los 11 años.

¿Te gustaría comprar alguna raza específica?
Nunca. No ha sido necesario porque hay muchos perros bonitos abandonados y necesitados de alguien que los cuide. Si hablamos de raza, me regalaron el Golden y las Pastoras de Brie.

De todas las razas, ¿en qué lugar pones a los quiltros?
Hace 10 años recogí a una perra que se llamaba Sarita, ya era viejita cuando la encontré. Murió muy, muy viejita el año pasado. Ella ha sido mi perra más fiel, la más agradecida. Me obedecía altiro cuando la llamaba; le hacía un gesto y estaba a mi lado. Se tiraba al suelo para que le hiciera cariño. Era muy agradecida, muy fiel.

¿Te preocupas de la esterilización?
Sí, tengo esterilizadas a las perras. A las primeras no las esterilicé, y la Mona tuvo 9 perros de un perro de Curacaví, no sé quién. Los regalé, pero me quedé con uno, Torito.

¿Una experiencia memorable con animales?
Mmm… Una vez tuve un contacto con cóndores. Hace más de 10 años, andábamos con un amigo y una amiga en el Cajón del Maipo, en un sendero, muy arriba, y de lejos vimos un cóndor. Mi amigo dijo que iba hacer el sonido de un animal herido para que se acercara, y decía que iban a llegar más cóndores. A los 5 minutos teníamos 10 cóndores volando arriba de nosotros, muy cerca. Impresionante. Una experiencia increíble. Otra experiencia que recuerdo es que entramos a la casa en la parcela, y escuchamos ruidos en el segundo piso. Pensé que íbamos a encontrar el medio guarén (ríe), pero había una lechuza enorme. Abría las alas y se veía más grande. Era preciosa. Abrí la ventana y logró salir. Mi cabro chico estaba impresionado.

Hablando de perros, ¿qué situaciones no te gustan?
Lo que más me desespera son los perros violentos. A un Golden mío le sacaron la mugre dos Akitas. La segunda vez pensé que lo iban a matar. Uno no sabe qué perro le puede hacer daño a un niño. A algunos perros les tengo distancia. Traté de ayudar a mi perro con un palo, pero con miedo porque no sabía si me podían atacar a mí. Los dueños de perros que se comportan de forma violenta debieran tenerlos encerrados, sacarlos ellos mismos o no tenerlos. No toda la gente tiene el derecho de tener cualquier perro, deben analizar a cuál pueden cuidar. Hay que hacerse cargo, y no toda la gente es capaz de hacerlo.

Algunos los tienen por seguridad…
Eso no me gusta… Tener perros por seguridad. Yo los tengo porque me gustan, los quiero y ellos a mí, y obviamente tengo un espacio para que vivan bien, felices.

Kimei

Su diagóstico era poco esperanzador, pero como mestiza que es dio vuelta todo pronóstico y salió adelante pese a tener las costillas y patas traseras quebradas, producto de un atropello. Kimei, como la llamaron, es un caso que tomó Fundación Stuka, y hoy a sus poco más de tres meses busca un hogar donde la cuiden y entiendan que producto de su historia necesita ser tratada con cuidado y respeto. 

www.fundacionstuka.cl