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Pedro Engel y Japi »Desconfío de la gente a la que no le gustan los animales»

abril 9, 2019 by Isabel Pinto en Mestizos Magazine

Reconoce que ha sido un año movido, digno del Chancho de tierra que nos rige, según el horóscopo chino. El tarotista y ancestrólogo nos habla de su relación con los animales, cómo han marcado su vida, y del lado energético y espiritual que los caracteriza.

Por Isabel Pinto G. Fotografías Gonzalo Muñoz

Es sábado, son cerca de las 12.30 horas y un encantador Pedro Engel nos recibe en su parcela, ubicada en la comuna de La Reina. Tras él, la protagonista de esta entrevista: Japi, una Bullmastiff, que en un segundo pone fin a cualquier prejuicio que podamos tener frente a su raza, sindicada como “potencialmente peligrosa”. Moviendo la cola, exige cariño, mientras el tarotista y ancestrólogo nos cuenta que Japi es tal cual la vemos: de anfitriona, todo; de guardiana… poco. Se hace evidente que la personalidad y características de un perro dependen de cómo han sido criados, más que de su linaje.

Ambos tienen una conexión evidente. Ella lo acompaña en los talleres que realiza en su casa y cuenta con un sillón destinado para esos efectos. Un mueble que, por cierto, no comparte.

Antes de la llegada de Japi, Pedro Engel estuvo un año sin tener perro. La muerte de su anterior compañero, Júpiter, lo afectó mucho y decidió vivir el duelo. “Era fabuloso, vivió 16 años -recuerda-. Fue muy regalón, se subía a la cama, siempre estaba conmigo. Como escribo de noche, era la una o dos de la mañana y estaba sentado a mi lado. Se le caía la cabeza de sueño, pero no se iba a dormir hasta que yo lo hiciera. Fue un perrito muy fiel. La Japi pasa todo el día a mi lado, me acompaña, también lo hace cuando escribo, pero duerme. No como el Júpiter, que permanecía despierto. En todo caso, es buena cuidadora, porque se mueve una mosca y ladra’’.

A los siete años, Pedro tuvo su primer animal, un gato. Creció rodeado de felinos. Más tarde, cuando se casó y sus hijos eran pequeños, junto a su esposa, decidió tener un perro. Desde entonces, no ha dejado de convivir con ellos. Actualmente, hay tres perritas en su parcela, lugar que comparte con su hijo. “Dos son de él y la Japi es mía -cuenta-. La Gaviota es una quilterrier que rescataron de la calle en Tongoy y es la anciana de la tribu. La Durga es una Rodesiana. Y la Japi, que llegó hace un año y medio, era un bultito, exquisita y regalona. Todavía es revoltosa, maldadosa, rompe los maceteros, sobre todo cuando viajo. A mi vuelta tiene la crema, porque se enoja cuando no estoy”, cuenta casi con orgullo.

Un gran dolor

Si le preguntamos por algún perro que lo haya marcado, no lo duda: Milú. “Era una perrita maravillosa, que amé y me la robaron. Para mí fue un golpe terrible de la vida. Recién había quedado viudo cuando llegó, y fue una especie de mamá para mis hijos. Los cuidaba cuando se bañaban en la piscina, no se movía; si se metían debajo del agua, gritaba, se metía al agua, les tiraba el pelo… esa perrita fue una maravilla. Una de las peores cosas que me ha pasado en la vida es que me la hayan robado, a ella y a su pareja, el Yerko”, relata visiblemente afectado.

“Milú tenía unos 8 años, era muy guardiana. Si alguien se acercaba a mis hijos, se ponía en el medio. Tuvo un rol muy especial, esperaba a los niños cuando llegaban del colegio y sabía la hora, se sentaba con la mirada fija hasta que los veía entrar y todo el rato estaba pendiente de ellos, era muy regalona y cuidadora. El Yerko también, era muy divertido… Los busqué, me volví loco, pero nunca aparecieron”, rememora.

Se emociona cuando los recuerda…

Fue fuerte, porque eran tan regalones. Siempre pensaba en la Milú, en la vida que habrá tenido después. La Mariana, una hija de ella, vivía aquí y cuando murió, descansé, porque dije: la Milú también debe haber muerto y está descansando también.

Usted es vegetariano. ¿Es por su relación con los animales que dejó de comer carne?

Casi toda mi vida he sido vegetariano, pero pasé por un período como de 10 años en que comí de todo. Hace un año y medio llegó la Japi, la vi y nunca más pude comer carne. Frente a un asado veía a mi perrita, así que volví a ser vegetariano.

Año del cerdo de tierra

En febrero comenzó a regir el año del Chancho de Tierra, el último de los 12 animales del horóscopo chino, que tiene como misión sacar temas a la luz y cerrarlos. “A mí me encantan los chanchos, porque encuentro que son los animales más inteligentes que existen y en muchos países los están adoptando como mascotas. En la simbología china, representan el fin de un ciclo y por lo mismo, es un año fuerte, muy fuerte, sobre todo en la familia. Sale toda la suciedad, los secretos, para limpiar. El chanchito es un animal que siempre está limpiecito. Dicen ‘chancho en el barro’, pero su pelaje es brillante e impecable. El chancho viene a curar a la familia, pero para lograrlo saca afuera todo lo oculto y hay una revolución muy potente a nivel familiar: quiebres, separaciones, discusiones. Y eso también pasa en la sociedad, se destapa todo. Con la ratita empieza, el próximo año, un nuevo ciclo.

¿Son positivos los fines de ciclo?

Sí, el año del chanchito es positivo, porque saca afuera todo lo que había que sacar, para cicatrizar y volver a juntar. Al chanchito le gusta la mesa con todos, pero de verdad. Si nos vamos a reunir, hagámoslo desde el corazón y con todo lo que haya que decir. Como sociedad, hay una depuración, algo sale de ella, para limpiar, sanar, cicatrizar.

¿Qué cosas deberíamos trabajar durante el año del cerdo?

El ser buenas personas. El chanchito es benevolente, le gustan los amigos, la sociedad verdadera, la solidaridad, la benevolencia. Debiéramos fijarnos en ser personas solidarias. Salir en la mañana con una disposición a llevar buenas energías. La alegría y el buen ánimo son responsabilidades sociales. Están tan caldeados los ánimos, que uno debiera comenzar el día con una disposición a aportar.

En su caso, ¿siente que ha partido el año con cierres?

Empezó el año del chanchito y fue un terremoto, pero inmediato. Me fui de mi pega, hubo cambios en mi familia muy fuertes… ha sido movido, pero estoy tranquilo, porque tengo fe de que todos estos terremotos vienen con un fin sanador.

¿Y qué pasa con nuestro país?

Chile va a buscar un camino de sanación. Tenemos que encontrar una vía para entendernos, querernos, aceptarnos tal como somos. Estamos caminando hacia eso. Todo el rato hemos estado criticándonos, culpándonos unos a otros y en algún momento, algo nos va a obligar a volver a mirarnos a los ojos y sanar.
A estas alturas de la entrevista, Japi ya está cansada y comienza a cerrar los ojos. Pedro comenta: “La única actividad que le gusta a la Japi es dormir, todo el día. Ahora, porque ustedes están aquí, mueve la cola y corre para allá y para acá, pero es el evento del día. Después que ustedes se vayan, dormirá hasta mañana, va a quedar agotada” (ríe).

EL ROL ESPIRITUAL DE LOS ANIMALES

¿Cree que los animales son capaces de percibir energías?

Totalmente. Duermo poco y me ha pasado unas 10 o 12 veces que de repente veo a la Japi enloquecida, ladrando y mirando fijo. Salgo con una linterna, porque esta parcela es grande, y no veo nada. Pero ella mira y ladra directamente. Deben percibir cosas que uno no. Los perros tienen una sensorialidad mucho mayor que nosotros.

Se dice que los animales cumplen un rol espiritual en nuestras vidas…

Sí, de todas maneras. Hay un cuento muy lindo en la India, del rey Justira, que se fue al monte Meru a iluminarse. Muchos lo siguieron; entre ellos, un perrito. El camino era muy arduo y se fueron muriendo de hambre su hermana, sus discípulos, sus sirvientes. De hambre, sed y peste. Pero todos fueron fieles a él hasta la muerte. El perrito continuó caminando, flaquito, pero siguió y siguió, hasta que llegaron al monte. Entonces, salieron los dioses y le dijeron: es muy loable todo lo que hiciste, qué pena lo que pasó con tu gente en el camino, pero aquí no se aceptan perritos, así que sólo tú puedes entrar. Y él respondió: si así es la iluminación, no me interesa, porque el perrito me acompañó durante todo este trayecto; quédate con el monte Meru, yo no voy a entrar. Ahí los dioses le explicaron que esa era la última prueba que tenía que pasar. El perrito se trasformó en el Dios Brahma y le dijeron: ahora puedes entrar. Creo que los perritos tienen un rol muy espiritual y aunque es una frase cliché, de esas que no me gustan mucho, desconfío de la gente a la que no le gustan los perros o los animales en general.

¿Por qué?

Pienso que son personas heridas, dañadas, que tienen un corazón cerrado. ¿Cómo no le van a gustar los animales a una persona, si son tan nobles?

Hay quienes creen que los perros son ángeles con cuerpo físico y terapeutas emocionales…

También lo pienso, de todas maneras. Sanan, curan, acompañan, nos hacen mejores personas. Mi relación con los animales es fabulosa, estoy totalmente de acuerdo, son como ángeles.

A los gatos se les atribuyen poderes mágicos, la capacidad de percibir cosas y limpiar energías.

Sí, son intuitivos. Me acuerdo que cuando tenía gatos, en el colegio jugando fútbol, me zafé una pierna y el gato no se salió de ahí, ronroneaba y ronroneaba. Igual cuando tenía dolor de garganta. Creo que sí, que los gatitos perciben los dolores y ese ronroneo que hacen es sanador y curativo. Estoy seguro de que cada animal tiene su percepción de la vida. A mí me ayudan mucho los colibrís. En el invierno llegan a las copas de los eucaliptus y a las 8 de la mañana están ahí… a veces lloro, se mueven con una rapidez y ese canto que hacen me toca el alma… me pasan muchas cosas en esa época.

Dicen que cuando uno ve un colibrí, es el alma de un ser querido que partió y que nos viene a visitar.

Los pueblos originarios le dan mucha importancia a los colibrís, dicen que son maestros que te vienen a visitar, que son el alma de los muertos y también son sanadores.

Revisa el Backstage de la entrevista

Comentarios

Pamela Quijada

abril 11, 2019

Pedro, super linda la Japi… un abrazo a los dos.

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