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Amante de los animales ¿naces o te haces?

Los seres vivos atraen la atención de las personas más que las cosas, en tanto para nuestros antepasados, prestar atención a otros seres vivos habría resultado más útil para la supervivencia que prestarle atención a los objetos animados.

Por Marcos Díaz Videla. Doctor en psicología, Universidad de Buenos Aires, autor de “Antrozoología y el vínculo humano y perro”.

En las sociedades occidentales los animales se encuentran siempre presentes en el mundo infantil. Esto responde directamente a los intereses y preferencias que los chicos manifiestan. Los niños tienden a preferir elegir, estampados en la ropa o dibujos animados de animales, así como también se maravillan con las visitas al zoo y, desde edades muy tempranas, demandan tener mascotas. Pero, ¿por qué? ¿La cultura impone esto a los niños o acaso tenemos una tendencia innata a sentir atracción hacia el mundo natural?

El biólogo estadounidense, Edward Wilson, planteó en 1984, el concepto de biofilia; y desde entonces, ha recibido un creciente apoyo de diversos investigadores, y es frecuentemente mencionado para explicar por qué los humanos nos interesamos por los demás animales. La teoría de Wilson indica que los humanos tenemos un instinto para asociarnos con el mundo natural, una afinidad hacia la naturaleza que no es enseñada por la cultura, sino que la traemos desde que nacemos, como un atributo intrínseco propio de la especie humana.

Entre las evidencias a favor de esta idea, un estudio puso niños entre uno y tres años en un espacio con juguetes atractivos y animales pequeños para evaluar sus reacciones. Claramente, los niños pasaban más tiempo interactuando con los animales (peces, hamsters, arañas, víboras y geckos) que con los juguetes de moda. Al tratarse de niños tan pequeños, esto permitiría sostener que la atracción hacia los animales es más bien innata; lo cual no quiere decir que la cultura, o el entorno, no influyan. En este estudio, por ejemplo, los padres de los niños estaban presentes, y tendían a dirigir la atención de sus hijos hacia los animales.

Resultados similares se encontraron en diversos estudios donde, básicamente, observaron una mayor atracción de los niños hacia animales que hacia juguetes, incluso, al realizar esta prueba en niños con déficits en las interacciones sociales, como el caso de niños con autismo.

El por qué los animales constituyen un estímulo tan atractivo para los humanos no ha sido del todo esclarecido, pero es posible que se deba a factores evolutivos. Los seres vivos atraen la atención de las personas más que las cosas, en tanto para nuestros antepasados, prestar atención a otros seres vivos habría resultado más útil para la supervivencia que prestarle atención a los objetos animados. Detectar frutos, presas y depredadores es fundamental para sobrevivir, mientras que detectar cosas, no lo es necesariamente. La biofilia alude entonces, a un determinado tipo de atención selectiva que hace foco en otras formas de vida. Así, la mente humana estaría programada evolutivamente para pensar de manera diferenciada sobre los animales y los objetos inanimados.

En este sentido, se encontró que tanto adultos como niños en edad preescolar eran más veloces en detectar imágenes de serpientes entre diversos distractores, que imágenes de seres no amenazantes como ranas, flores y orugas. Se ha demostrado que el sistema visual humano está desarrollado adaptativamente para distinguir animales en el entorno.

La atención visual incluye un sistema especializado para monitorear animales permanentemente, que hace por ejemplo, que los personas se muestren más efectivas para detectar cambios en animales que en objetos inanimados, inclusive vehículos.

Para esto, los humanos contamos con partes del cerebro especializadas para el reconocimiento de la vida animal. Algunos estudios encontraron que un grupo de neuronas de la amígdala, un área implicada en las emociones, se activaba especialmente cuando las personas miraban imágenes de animales. Esto quiere decir que las reacciones intensas que los animales nos despiertan, tienen una base neurológica.

Estas reacciones implican sentimientos diversos —no solo positivos—, los cuales se disponen a largo de un espectro emocional que va desde la atracción a la aversión, del asombro a la indiferencia, de la paz a la ansiedad impulsada por el miedo. Claramente los humanos tenemos asociaciones tanto positivas como negativas con la naturaleza, y ciertas predisposiciones biológicas también pueden propiciar el distanciamiento de ciertos animales.

El término biofobia puede ser utilizado para dar cuenta de las reacciones emocionales negativas que ciertas especies nos despiertan de manera innata. Al parecer, tener demasiadas patas o no tenerlas, tiende a activar respuestas de temor y rechazo. Por ejemplo, un estudio mostró que bebés de entre 7 y 18 meses tenían una tendencia espontánea a asociar serpientes con miedo.

De todas formas, lo más aceptado en la actualidad, es considerar que la biofilia implica todo el espectro de emociones, incluyendo los sentimientos negativos hacia los animales.

En síntesis, la biofilia es concepto muy aceptado en la ciencia para explicar, en términos generales, por qué los humanos nos sentimos atraídos, de manera innata, hacia los (demás) animales.

Claro que nuestra relación con las demás especies es sumamente compleja, e incluye además otros factores que surgieron en el curso de la evolución conjunta a lo largo de miles de años (innatos), como así también factores culturales promovidos por las sociedades donde vivimos (aprendidos culturalmente), como factores subjetivos propios de cada individuo en su relación directa con cada animal (aprendidos individualmente).

Ampliando nuestra perspectiva e incorporando diversos puntos de vista, tendremos una visión más completa y compleja para dar cuenta de por qué nos interesan los demás animales.