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Animales en los zoológicos, víctimas de la ola de calor en Europa

Varios recintos han debido adoptar medidas de urgencia para proteger a los animales ante la ola de calor con temperaturas que se acercan peligrosamente a los cuarenta grados.

Europa sufre con las altas temperaturas. Por estos días, una ola de calor azota a varios países del Viejo Continente causando estragos entre los habitantes de las principales ciudades. Los termómetros se han elevado tanto que ya se acercan peligrosamente a los 40 grados y en varias localidades, las autoridades han debido decretar alerta roja ante la emergencia.

Pero las personas no son las únicas que sufren. Los zoológicos han tenido que tomar medidas urgentes porque sus animales también se han visto severamente afectados con las altas temperaturas. En el zoológico de Berlín, por ejemplo, donde se han dejado sentir los 36 grados centígrados, los encargados han comenzado a entregar comida congelada a sus ejemplares más afectados, entre ellos el panda, el oso polar y el elefante. También le han brindado duchas adicionales como una manera de sortear el calor y bajar la temperatura del cuerpo.

«La mayoría de los animales actúa de la misma manera que los humanos. Se resguardan en la sombra, saltan al agua o se retiran a interiores más frescos», explica Philine Hachmeister, portavoz del recinto.

Una determinación similar han adoptado en el zoológico de Roma, en Italia, donde la temperatura alcanza los 35 grados. A los animales de aquel espacio también se les ha entregado fruta, verduras y carne congelada como una manera de mantenerlos frescos, evitando así casos de insolación y deshidratación. En el caso de Mundomar, en Alicante, España, los cuidadores han debido elaborar verdaderos helados con los alimentos de los animales, adaptándose así a las altas temperaturas. Además, como una forma de enfriar su entorno se han improvisado verdaderas lluvias artificiales varias veces al día.

Vale la pena mencionar que todas estas medidas son momentáneas e insuficientes ya que nada podrá reemplazar la comodidad y libertad que tenían estos nobles animales mientras vivían en su hábitat natural, antes de que fueran capturados y obligados a vivir en recintos cerrados con el único propósito de fomentar el entretenimiento de los seres humanos.