Barbara Sepúlveda
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Constituyente Bárbara Sepúlveda: «Alrededor de 50 constituciones en el mundo protegen y reconocen a los animales»

La abogada constitucionalista, durante su intervención en el Pleno, hizo un reconocimiento a los animales como sujetos únicos, destacando su sintiencia, la necesidad de protegerlos y que sean incluidos en la nueva Carta magna. Te compartimos su presentación.

Una de las intervenciones que más comentadas fue la de Bárbara Sepúlveda Hales, abogada constitucionalista, Magister en Género LSE y en Derecho Público U. de Chile. Convencional constituyente Distrito 9, quien no dudó en reconocer la sintiencia de los animales, que deben ser protegidos e incluidos en la nueva Constitución. Aquí te compartimos su presentación:

«No son muebles y Sujetos no objetos, son dos grandes campañas animalistas en torno a este proceso constituyente. Se refieren a la concepción decimonónica del estatuto que rige a los animales en nuestro país. El artículo 567 del Código civil señala que los animales son bienes muebles semovientes, es decir, cosas que pueden moverse por si mismas. Pienso que nadie que haya interactuado con un animal, alguna vez podría sostener seriamente que son simples cosas. Bueno, estas campañas y este informe de la Comisión de Medioambiente tratan de superar el estatus jurídico de bien mueble de los animales hacia su reconocimiento como seres que sienten, seres complejos que deben ser respetados y protegidos.

La sintiencia es la capacidad de tener experiencias subjetivas, es decir, experimentar aquello que nos sucede como negativo o positivo, con dolor o placer, el afirmar que un animal es sintiente significa explicitar que tiene un valor inherente, y, por lo tanto, el fundamento de su protección debe estar en función de su propio dolor y no respecto de otros intereses ¿Por qué deberíamos decidir ignorar estos hechos científicamente afianzados de que los animales sienten, que tienen emociones complejas? ¿Por qué habríamos de desconocer que muchos mamíferos cuando se mueren sus familias o les arrebatan a sus crías se comportan de formas que solo pueden ser descritas como verdaderos duelos, que lloran, se angustian, se alegran, se asustan, aman y se comunican. Por supuesto que es más fácil, y conveniente para muchos, ignorar todos estos hechos y seguir tratándolos como cosas, pero existe una creciente conciencia en nuestro país, en nuestra sociedad, que no está dispuesta a ignorar esta realidad, es más, hubo cuatro iniciativas populares para el reconocimiento de los animales en la Constitución, que hoy son parte de este proceso constituyente, y entre ellas, suman más de 84.000 patrocinios.

En materia de protección, la visión que las leyes actuales tienen sobre los animales se establece con relación a su existencia en el medioambiente, y no como individualidades. El problema es que, incluso, si aceptáramos que los animales se protegen en tanto como parte del reconocimiento jurídico del medioambiente, sería una protección débil, porque solo se basaría en si el daño a los animales se puede entender como una afectación al medioambiente y no a cada uno de ellos.

A quienes aquí, han dicho que la protección de los animales no debe estar en la Constitución, sepan que alrededor de 50 constituciones en el mundo protegen y reconocen a los animales, países como Alemania, Suiza, Egipto, Bolivia, Brasil, entre tantos otros, consagran deberes claros a sus estados para proteger la fauna y la flora y varios prohíben practicas que provocan la extinción de especies o someten a los animales a crueldad.

Lo importante de este reconocimiento constitucional propuesto en los artículos, 23, 24 y 25 de este informe, es que pueda traducirse en el deber estatal de adoptar medidas positivas por parte de los órganos públicos, y para que las funciones de las leyes encomienden a cada uno de ellos actuar no solo manera expos a la protección de los animales, sino que anticiparse y prevenir sus vulneraciones.

Finalmente, serán otros debates, posterior al constitucional, pero creo que es legítimo que podamos replantearnos y cuestionarnos las mal llamadas tradiciones y expresiones culturales que se basan en el abuso a los animales. Existiendo tantas y hermosas tradiciones culturales en Chile, no tiene sentido seguir aferrándose a aquellas que justifican el disparar, cortar, mutilar, golpear, y asesinar animales por deporte. Me parece que es legítimo cuestionarnos si la entretención familiar debe ser o no a expensas del sufrimiento de otros. Quiero agradecer a las más de 60 organizaciones animalistas que promovieron este articulado y a las y los constituyentes de la Comisión de medioambiente por su empatía y por haberse atrevido a dar este importante paso, que nos permitirá no solo mejorar las leyes para los animales, sino también para que las personas aprendamos a ser mejores humanas y humanos. Muchas gracias».

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