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Millennials ¿Prefieren a los animales que a las personas?

Los perros y también los gatos, aportan a la vida de las nuevas generaciones… cuando los intereses se vuelven muy restrictivos y estos jóvenes se sobreimplican en ciertas actividades, ya sean académicas o videojuegos, los perros los obligan a salir y conectarse con otros aspectos de sus vidas.

Por Marcos Díaz Videla. Docente de la Universidad de Las Flores en Buenos Aires. Autor de Antrozoología y el vínculo humano perro.

En nuestra sociedad, volverse un adulto ha implicado tradicionalmente la transición de la educación al empleo, de vivir con los padres a dejar el hogar paterno, y de estar soltero a formar una familia. Hoy, estas transiciones de roles tienden a dilatarse marcadamente.

Un diario estadounidense publicó una nota titulada “Los millennials eligen mascotas antes que personas”. El artículo sugería que los integrantes de esta generación (nacidos entre 1981 y 1996) se orientan a los animales de compañía para satisfacer sus necesidades de brindar cuidados. Esto se incorpora en la misma dirección que los prejuicios de que estos jóvenes son holgazanes y egoístas, lo cual se basa fundamentalmente en el tiempo que les lleva asentarse.

Si bien parecen lógicas, estas conclusiones son simplistas e injustas. Comparados con generaciones previas, hoy a los adultos jóvenes se les exige mayor nivel educativo, los costos de vida son más altos, es más complejo dejar el hogar paterno y les resulta toda una hazaña comprar una vivienda. Como consecuencia, el matrimonio y la paternidad –de ocurrir– se dan más tarde.

Los animales de compañía también quedaron involucrados en los prejuicios sobre los millennials, en tanto, luego de dejar el hogar paterno y como parte del proceso de estabilización, muchos adultos jóvenes adoptan un animal de compañía. Este fenómeno, lejos de responder a dificultades para asumir compromisos, resulta una consecuencia lógica de los desafíos por los que esta generación atraviesa. Claramente, la tenencia de mascotas es más accesible para los millennials que lograr la estabilidad laboral, comprar una vivienda o criar niños. Y no solo eso, sino que además los animales ayudan a los adultos jóvenes a suavizar su transición a la vida adulta, aportando múltiples beneficios.

Quienes integran este grupo etario suelen experimentar inestabilidad en diversas áreas: económica, ocupacional, social. En este sentido, las mascotas funcionan como estabilizadores. En principio, proveen rutinas diarias, favoreciendo la organización del día a día. Pero además, los millennials indican que sus animales los ayudan a mantenerse encarrilados en la vida. Estas personas identifican que lo que hacen impacta en el bienestar de sus animales, por lo que deben mantenerse a flote, no sólo por ellos, sino también por sus mascotas. En la misma línea, restringen su impulsividad. Salidas imprevistas o viajes repentinos ahora deben pasar previamente por un filtro de planeamiento y coordinación. Así, los animales de compañía funcionan como un ancla que retiene a estos jóvenes, pero de un modo que les aporta estabilidad y que indican disfrutar.

Además, las mascotas ayudan a ampliar el foco a estos jóvenes. Por un lado, desequilibran el egocentrismo, haciendo que deban considerar la perspectiva y necesidades de un ser distinto. Por otra parte, cuando los intereses se vuelven muy restrictivos y estos jóvenes se sobreimplican en ciertas actividades, ya sean académicas o videojuegos, los perros los obligan a salir y conectarse con otros aspectos de sus vidas.

Un estudio mostró cómo la tenencia de perros hace que estos adultos realicen más actividad física, restrinjan el abuso de tecnologías e incluso, se vayan más temprano de las fiestas. De hecho, frecuentemente los perros son empelados como excusa para salirse o escapar de situaciones en las que no desean estar. Así, no sólo les aportan mayor estabilidad, sino también disminuyen conductas de riesgo. De este modo, los adultos jóvenes consideran la tenencia de perros como parte de su identidad y con frecuencia refieren que sus animales los han ayudado a madurar y desarrollar el sentido de responsabilidad.

Respecto de las parejas, la influencia de las mascotas es notoria. Influye directamente en el establecimiento de una identidad familiar, lo cual puede fortalecer algunas parejas jóvenes. A su vez, en ocasiones los animales resultan un desafío para conocer gente nueva. En un estudio reciente, llevado a cabo por una compañía de productos de mascotas, el 54% de los custodios de perros indicó estar dispuesto a terminar una relación sentimental si a su perro no le agrada su nueva pareja. Estos jóvenes tienden a considerar que si una potencial pareja no es compatible con su identidad de custodio de perro, no es la persona indicada para ellos. Como refirió una participante de un estudio hecho en Estados Unidos con millennials: “Mi perro viene primero y puede vetarte”.

Finalmente, el pasaje a la adultez implica el desarrollo de la autonomía. Hacerse cargo de un animal puede resultar complejo para muchos de estos jóvenes, sobre todo en cuanto a aspectos económicos. Los costos veterinarios suelen ser difíciles de afrontar durante esta etapa. Este aspecto posiblemente sea el más negativo a considerar, en tanto estos jóvenes frecuentemente manifiestan preocupaciones con respecto a eventuales emergencias. Es común que requieran ayuda de sus padres, así como también de su pareja y amigos.

En resumen, los llamados millennials han tenido que enfrentar mayores dificultades que las generaciones pasadas para convertirse en adultos. Hoy, esta transición no se basa en el matrimonio ni en la paternidad, sino más bien en aceptar la responsabilidad sobre uno mismo, tomar decisiones autónomas y lograr independencia económica de los padres. En estas circunstancias, los animales de compañía resultan más compatibles para acompañar estos desafíos, ayudando no sólo al logro de responsabilidad sobre sí mismos, sino sobre otro ser vivo. Si bien la tenencia de mascotas incrementa la necesidad de apoyo, ayuda a estos jóvenes a correr el foco, alentando el desarrollo de hábitos saludables e inspirándolos a direccionar su vida en el camino a la adultez.