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Las consecuencias de humanizar a los animales

mayo 28, 2018 by Isabel Pinto en Mestizos Magazine

Se han convertido en un integrante más de familia, y si bien la relación que las personas han desarrollado con ellos ha traído muchísimos beneficios para su calidad de vida, se debe buscar un equilibrio en el vínculo humano-animal.

Por Isabel Pinto G.

Cuando vemos a un perro circulando con pinche o con capita, puede producirnos una sensación de ternura y vemos que tras él hay un dueño preocupado. El tema, al igual que en la mayoría de los casos, es el equilibrio con que hacemos las cosas.

Los perros y gatos son un integrante más de la familia y merecen preocupación y cuidados, pero sin pasar a llevar sus reales necesidades. A modo de ejemplo, ¿debiésemos transportar siempre a un perro, que necesita ejercitarse diariamente, en coche de bebé?

Vicente Celedón, médico veterinario, etólogo y adiestrador profesional, explica que “la humanización es un trastorno del vínculo humano-animal. Es importante considerarlos parte de la familia, que uno los tenga presentes como si fueran hijos, pero no llegar al extremo de tratarlos como tal. Humanizar no es bueno, no son hijos, no son humanos, no son niños; son animales con necesidades específicas e individuales”.

El también fundador de Dog Teacher agrega que “hay un gran cambio respecto de cómo cuidamos y tratamos a los animales. Estamos siendo conscientes de que son seres sintientes, el reconocer esas nuevas cualidades nos permite satisfacerlas y encontrar formas más adecuadas de entregarles cariño”.

Pero con la humanización se está haciendo un daño a los animales. “Hay veces en  que el uso de chalecos o andar trayendo al perro todo el día en brazos les perjudica. No se debe obligar a los perros a usar cosas que no necesariamente quieren. Si tiene frío, que se acurruque en medio de dos cojines, que se acerque a ti y busque calor. Hay que preguntarse ‘¿lo necesita realmente o es porque yo quiero?’. Si es porque yo quiero, puedo hacer una diferencia: ¿es por un tema práctico (capas para la lluvia) o porque me da pena el perrito?”.

Si bien los humanos tratan de cuidar al perro desde una buena intención, pierden el sentido de tener un animal. “El perro es perro, y es riquísimo, es un tremendo animal. El tratar de convertirlo en algo que no es, un humano, hace que perdamos el foco de lo rico y lo bueno que es un perro; querámoslos por lo que son”, señala el médico veterinario.

Agrega que “el cómo tratas a un animal, regaloneas, entregarle cariño, compartir con él y salir a pasear, no tiene nada que ver con la humanización; ese es un vínculo con el animal sano y equilibrado. Cuando ese vínculo humano-animal se empieza a trastornar y empezamos a humanizar, se pierde. Ya no es humano-animal, es humano-humano. Ahí es donde se pierde el sentido, y los perros pueden tener problemas”.

La humanización en ciertos casos puede llegar a ser una forma de maltrato (mal tratar) a un animal. “El maltrato significa el no dar el trato que corresponde a ese ser. Maltrato no sólo significa violencia y sufrimiento, es no entregarle lo que él necesita”, señala.

En ese sentido, debes tener en cuenta que el trato inadecuado genera consecuencias. “En algunos casos puede traer problemas conductuales con otros perros o con el propio humano. Agresividad hacia los dueños, miedo a cualquier cosa nueva que se le acerque, incomodidad. Un perro con ropa que no ha sido bien entrenado para ocuparla va a sentirse incómodo. En la humanización nos toca ver perros que no tienen contacto con sus pares, por eso mismo han tenido una mala socialización y eso ha hecho que ese perro se comience a aislar cada vez más de otros perros, hasta que finalmente no tiene ningún contacto. Los perros deben olfatear, revolcarse en el pasto, jugar con otros perros, saludar a otra gente; hay que dejar que jueguen, que exploren, deben ser perros”.

Lo que él sí necesita

Las necesidades reales se podrían dividir en distintas categorías:

Los cuidados de salud. Se incluye una buena alimentación, el cuidado veterinario, tener una cama cómoda, un ambiente físico adecuado donde el perro pueda escoger si quiere recostarse sobre una sábana, el suelo o una baldosa porque hace calor. Es importante no obligar a los perros, ellos deben elegir.

Jugar es una necesidad social, y una de las más importantes para los animales, pero es vital que sea un buen juego, que los perros interactúen con otros animales en el parque. Los perros no debieran ir con juguetes a la plaza, deben ir a olfatear, revolcarse en pasto, jugar con otros perros, saludar a otra gente, descubrir cosas; pero uno ve cada día más perros obsesionados con que sus amos le tiren la pelota, y eso es como llevar a un niño a Fantasilandia con el iPad. ¿Para qué lo llevaste? Deja que juegue, que explore, que se divierta solo.

La estimulación sensorial en la casa es otra forma de satisfacer las necesidades de tu perro, por ejemplo, utilizar juguetes con comida. “Muchos de los problemas de los animales en cautiverio –porque digámoslo como es, los perros están en cautiverio– es que no les damos la opción de elegir, y eso también es un perjuicio para el animal. Nosotros decidimos desde el lugar donde debe dormir y lo que come hasta a qué hora sale a pasear. Ellos tienen que tener la capacidad de elegir si quieren la cama, el suelo o estar arriba del sofá, eso también depende de las reglas de cada casa. La alimentación en juguetes les da un trabajo, la estimulación sensorial les agrega variedad a una vida muy plana en nuestras casas”.

Disfrutar en calma…, juntos

Una realidad muy común en nuestros tiempos es pasar 8 horas fuera de la casa trabajando, y a esto se suma que los perros y gatos no siempre están en nuestra lista de prioridades. Entonces, al llegar a la casa, sentimos culpa y remordimiento por no haberle dado todo lo que a nosotros quisiéramos. Para compensar hacemos muchas actividades que son hiperestimulantes: lo saco a pasear, juego o lo entreno, “hago” muchas cosas. Pero compartir en calma también es súper importante para tu perro y para ti. Por ejemplo, pueden estar en el sofá viendo una película mientras le haces cariño tranquilo; no viendo la película y tirándole la pelota para que se canse, el poder leer un libro con el perro al lado, o recostarte a su lado y que el perro se quede tranquilo. Todo eso se tiene que aprender, pero como hemos educado  a nuestros perros históricamente en la actividad, en la excitación, les cuesta hacer eso con nosotros, nos ven y se les dispara la adrenalina.

Bienestar de los dueños

Si bien es importante considerar a los animales como parte de tu familia y preocuparte por ellos, hay que tener cuidado de no llevar esa relación al extremo. Irme un fin de semana y encargarle a alguien mi perro es muy diferente a no salir porque no quiero dejarlo solo. “Se debe tener cuidado con no comprometer tu bienestar como persona o limitar tus libertades; muchas veces te obligas a incurrir en gastos que no corresponden, o a situaciones difíciles, por ejemplo, no tener visitas en tu casa porque el perro tiene demasiadas libertades dentro de ésta. Por otro lado, hay gente que dice ‘si no le gusta mi perro que no entre a mi casa’. Pero debemos preguntarnos, ¿está bien eso? Hay que definir esos temas y, en general, ir encontrando puntos de equilibrio”, concluye Vicente.

¿Tienes un hijo sustituto?

Lo alimentas todo el tiempo en el hocico.
Lo llevas en coche a pasear.
Te preocupas extremadamente cuando se enferma (al grado de la desesperación y el llanto).
Lo vistes como una guagua.
No dejas que nadie lo toque o juegue con él por miedo a que lo lastimen o lo enfermen.
Lo arrullas para dormirlo y dejas que duerma en tu cama.
Cuando sales a trabajar, de viaje o simplemente a comprar, te genera miedo y preocupación que se quede solo.
Se ha creado una dependencia tal con el perro, que te produce ansiedad.

Tips para que sea “como”, no tu hijo

Dale la oportunidad de convivir con otros animales.
Sácalo a pasear como una mascota (con correa y collar).
Deja que coma solo y aliméntalo con comida adecuada para su raza y edad.
No lo trates como si fuera un niño; es un animal y debes respetarlo y educarlo como tal.
Cuida de él, pero no como un humano, sino como un ser vivo que necesita espacios y cuidados especiales.
Déjalo jugar.

Los daños caninos del exceso de cuidado

Se convierte en un animal inseguro.
El animal involucrado pierde comportamientos propios de su raza.
Se convierte en un animal ansioso, temeroso y totalmente dependiente de su dueño.
Le cuesta trabajo relacionarse con otros animales, ya que fue educado para ser un “hijo sustituto”.
Presentan desórdenes de comportamiento, se vuelven un poco agresivos, destructivos y manipuladores.

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