Yazmín Vásquez
Actualidad Animal

Yazmín Vásquez y Thaís “Los perros donde tengan cariño son felices”

La periodista y comunicadora cumplió su sueño infantil y hoy vive junto al anhelado perro que siempre imaginó tener. Una mestiza de dos años que adoptó en una fundación en Villarrica, su ciudad natal, y que transformó su vida y la de su familia. Sin titubear dice que es su mamá y ahora entiende el amor desbordado que sienten quienes integran animales de compañía a sus vidas.

Por Jessica Celis Aburto. Fotografía: Gonzalo Muñoz. Make Up: Paula Bruzone.

Dice que desde nació quiso tener perros pero su familia era reticente a tenerlos. No porque no les gustaran, sino por pensar que no sería compatible vivir con uno en el departamento que habitaban en Villarica (Región de la Araucanía). “Ellos pensaban que iba a estar encerrado, sin espacio. Y ahora aprendí, aprendimos, que un perro lo que necesita es cariño, comida y ejercitarlo si es que vives en un espacio reducido” explica la periodista y comunicadora Yazmín Vásquez (IG: @yazminvasquezpuali y @yaz.vasquez.store).

Hace 10 meses cumplió su sueño y el de sus hijos Rafaela (13) y Santiago (9), quienes a fines del año pasado le pidieron adoptar uno desde las calles de Villarrica, ciudad en la que la familia – compuesta también por su marido Andrés Gil – escogió para pasar la pandemia. “Al igual que mis papás, dudábamos de adoptar por el hecho de vivir en un departamento (en Santiago). Sin embargo, con todo esto de la pandemia pensé que se nos iba a seguir pasando la vida y mis hijos sin un perro, entonces me decidí y seguí la sugerencia de ellos”. Toma aire y agrega que “le habíamos echado el ojo a uno que veíamos siempre en la esquina de la casa de mis papás. Un amigo que es veterinario me dijo que nos iba ayudar, así que le compramos comida y su platito, y partimos a buscarlo. Cuando llegamos por él, nos vio y se metió corriendo a una casa. Ahí apareció una señora que nos dijo que era de ella y que no sabía por qué siempre salía a ladrar a la casa de mis papás. ¡Sonamos, pensé!”.

Pero no fue así. Días después, paseando por la plaza de la turística ciudad, un hombre les dijo que llamaran a la ONG Huellas Villarrica. “Llamé y me dijeron que necesitaban familias guardadoras y que había una perrita lista para ser amadrinada, pero justo apareció una familia y se la llevaron”. A esas alturas ya que había perdido la esperanza, y justo una semana después, el 31 de diciembre de 2020, a las 22.00 horas, me llamaron de nuevo desde la fundación para decirme que habían devuelto a la Thais, porque en  la casa a donde llegó habían otros perros y no se llevó bien con ellos. El 1 de enero llegó a mi puerta para cuidarla”, recuerda.

¿Cómo fue esa llegada?

A la semana estaba enamorada de ella, así que 10 días después llamé a la fundación para decirles que no podía devolverla porque la amaba. Sólo pedí tiempo para hacer un trabajo de joyería con mi marido y convencerlo (risas). Él adora a los perros, pero pensaba en toda la responsabilidad que significa adoptar uno y que finalmente seríamos los dos quienes se harían cargo de todo. Pedí en la fundación que sacaran a Thais de todas las redes sociales porque confiaba con sangre que iba a dar vuelta a Andrés (risas).

Y obvio que así fue…

Sí (risas). Me apañó como siempre y me dijo que probáramos llevándola a Santiago una semana (en medio de su estadía en el sur tuvieron que viajar en febrero), para ver si se acostumbraba al departamento, ya que ella venía de la libertad de un lugar como Villarica. En todo caso le pregunté a mi amigo veterinario si creía que se acostumbraría y me dijo que sí, que los perros donde tengan cariño son felices y que si la sacaba a pasear todos los días no iba a sentir que no estaba en un lugar sin patio. La subimos al auto y se portó mejor que mi hijo (risas). Nunca ladró ni se movió. Se vino tranquila en su camita e hizo sus necesidades cuando cachábamos que ya podía tener ganas. Se portó un 100. Llegó al departamento como si hubiese sido su casa de toda la vida y se instaló en mi pieza (risas).  Ahora duerme entre medio de Andrés y yo (risas).

Yazmín se acuerda que justo en esas semanas a su mamá y a ella les dio Covid, enfermedad que puso en riesgo la vida de su progenitora. Thais, mestiza de dos años, se terminó por robar el corazón de toda la familia. “Yo no estuve tan mal como ella, que tuvo que ser internada acá en Santiago porque en Temuco no quedaban camas. Todos estábamos bien tristes en la casa, encerrados, y la Thais fue nuestra contención. Era un alguien por el que teníamos que preocuparnos, nos distraía y era muy cariñosa. Es demasiado educada y es tan inteligente, que es como si hubiese cachado que su estadía podría no ser definitiva y nunca se hizo pipí ni caca adentro, por ejemplo ¡Impresionante! ¡Mis papás la aman! ”.

Vibras cada vez que hablas de ella…

Es que me robó el corazón. ¡Ahora entiendo a la gente que tiene perros! Hasta antes de la Thais pensaba como que se rayaban un poco (risas). O sea, entendía el amor que se le puede tener a una mascota, pero ese amor desbordado que siento ahora, antes no lo lograba entender. La retribución de amor que te da un animal es único e incondicional.

¿Cómo es la rutina familiar con ella?

Si yo estoy en la casa está todo el día pegada a mí ¡soy su mamá! (risas). Mi hija la saca en la mañana de lunes a viernes y yo los fines de semana. Eso es tipo 10 de la mañana cuando sale a hacer pipí y al mediodía sale conmigo a hacer sus necesidades del “dos”, porque algo pasa que sólo lo hace conmigo (risas). A las 17, el que esté en la casa tiene que sacarla y el paseo de la noche se lo damos con Andrés. A esa hora ella no se mueve para salir hasta que Andrés aparece en la puerta. ¡Y somos tan felices! Conversamos, nos relajamos. Y ¿puedes creer que si ella quiere “ir al baño” y no está en su horario de salida, ella me pasa una pata y me mira para avisarme que la saque? Jamás se ha hecho adentro. No, si en serio es demasiado inteligente. Antes viajábamos a Villarica en un auto, pero ahora tenemos que hacerlo en dos porque ella ocupa todo el portamaleta. Nos ha cambiado la vida, pero mil veces para mejor, somos una familia más feliz.  La vida nos cambió en 180º y ahora sabemos lo que es tener un animal a cargo. Ahora todo el tema animal me toca mucho más y siempre trato de ayudar lo más que pueda para que adopten animalitos

La periodista reflexiona que “adoptar un animal es como adoptar un/a niño/a, porque es un nuevo miembro de la familia. Hemos ido aprendiendo con ella. Yo no cachaba nada de perros y entre mi amigo y el veterinario de acá, me dijeron todo lo que tengo que hacer para cuidarla: desparasitarla, vacunarla, y todo lo que implica cuidar de su salud. La recibí esterilizada y afortunadamente es bien sana. Sólo pasamos un susto cuando le vino una tos rara y Andrés figuraba con la Thais a las 12 de la noche en la veterinaria (risas). No era nada grave, solo una especie de alergia que ya tratamos, pero como padres primerizos nos asustamos pensando que estaba atorada”.

Y sigue: “La Thais ha generado solo cosas bonitas en nuestra familia. En mis hijos ha desarrollado el sentido de la responsabilidad, se han hecho cargo de ella, y siento que para un niño eso es algo grande. Los dos se hacen cargo de sus paseos, de su comida, de que tenga agua, de la limpieza. De hecho la Rafa es la encargada de bañarla. Desde el primer momento les dije que cero posibilidad de pedirle cosas a la señora que nos ayuda con los quehaceres de la casa y así ha sido en un 100%. Ha sido súper bonito porque todos saben que tienen que cuidarla y nos quitó todos los miedos que teníamos antes, pensando en cómo íbamos a funcionar o si ella se acostumbraría. Ella es como una lucecita, una alegría, mi tranquilidad, mi momento de cariño. Siento que llegar a la casa siempre es felicidad. Ver como te mueve la cola, como salta, su alegría cuando nos ve y está a nuestro lado, sólo se traduce en amor”.