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¿Aislados? Sí. ¿Solos? ¡Jamás!

El valor de nuestros animales en tiempos de distanciamiento social

Por Marcos Díaz Videla. Psicologo. Docente de la Universidad de Las Flores en Buenos Aires. Autor de Antrozoología y el vínculo humano perro.

Como a muchos de ustedes, la pandemia me obligó a interrumpir la mayor parte de mi vida social. Se fueron suspendiendo algunas actividades, se cerraron locales y, finalmente, se decretó una cuarentena obligatoria. De modo que solo podíamos salir a dar una vuelta escueta con nuestros perros. En Argentina se usa la expresión “la vuelta del perro” para dar cuenta de una salida breve y poco interesante. Así, la vuelta del perro fue también la vuelta de humanos.

Pasaron pocos días hasta que me di cuenta de la paradoja en la que nos habíamos metido. Para cuidar nuestra salud, teníamos que mantenernos aislados. Pero, a la vez, la falta de contacto con otros deprime nuestro sistema inmune haciéndonos más vulnerables a enfermar.

Sucede que, como muchas otras especies, los humanos somos animales gregarios. Eso quiere decir que vivimos en grupos. Sea en manadas, cardúmenes, enjambres o sociedades, algunos animales hemos evolucionado para convivir con otros. Y no solo eso, además, muchas especies estamos biológicamente predispuestas a buscar y mantener contacto físico y conexión emocional con otros individuos.

Lo que sucede en una cuarentena es que tenemos que limitar nuestro contacto e interacciones sociales, es decir, aislarnos. Pero aislamiento no es sinónimo de soledad. El primero es un estado objetivo, con falta de intercambios con otros. Por otro lado, la soledad es una percepción subjetiva, que se manifiesta como angustia por no tener relaciones o contactos con otros. Así es que podemos sentirnos solos, estando con mucha gente, o bien, podemos sentirnos acompañados estando solos.

Escuché a muchos colegas (psicólogos) destacar la importancia de la telecomunicación, de hacer videollamadas, etc. Aun sin considerar que el uso masivo simultáneo haría que todo el sistema de internet de un país colapsara, la falta de la calidez de la proximidad física es inaccesible en línea.

Acá es donde —una vez más— nuestros animales pueden cobrar vital importancia. Está demostrado que, cuando las circunstancias vitales incrementan las necesidades de acompañamiento, estas pueden ser aliviadas por perros y gatos. Como cuando una enfermedad reduce la movilidad de las personas, cuando estas tienen acceso limitado a relaciones de apoyo o cuando viven solas. Después de esto, podríamos agregar: cuando tenemos que permanecer en cuarentena en nuestros hogares.

Nuestros animales brindan lo que en psicología se conoce como apoyo social. Este se define como la información que nos hace sentirnos cuidados, amados, estimados y miembros de una red mutua de obligaciones. Esta forma de apoyo funciona como un amortiguador contra las tensiones de la vida, y ayuda a explicar por qué algunas personas se estresan más que otras, debilitando sus defensas.

El sentimiento de ser incondicionalmente aceptado y amado por nuestros animales nos predispone a acercarnos a ellos para obtener alivio y seguridad en momentos de necesidad, como el que estamos viviendo. Su compañía, su búsqueda de proximidad y contacto físico, y la alegría de sus interacciones se vuelven recursos valiosos que debemos agradecer.
Es que necesitamos estar aislados, ¡pero no solos!