perros Marcos Díaz Videla
Actualidad Animal

¿De dónde surgió el nombre de tu perro?

Mis perras son hermanas de una misma camada. Las adopté juntas porque en todas las fotos de adopción parecían inseparables. Así, decidí ponerle el nombre de dos hermanas famosas muy unidas para reflejar ese vínculo. En Argentina, las hermanas Dalma y Gianinna, hijas del futbolista Maradona, son queridas, reconocidas y, con frecuencia, se las menciona juntas y siempre en ese orden. Esta mezcla de simpatía, características de ellas y la cultura popular me llevó a elegir sus nombres. Ahora bien, ¿Cómo escoge la mayor parte de la gente los nombres de sus perros?

Por Marcos Díaz Videla, Doctor en psicología, docente en Universidad de las Flores en Buenos Aires, autor de “Antrozoología y el vínculo humano y perro”.

Todos habremos escuchado que lo ideal es ponerles nombres cortos, fáciles de aprender para los canes y de pronunciar para los humanos. Lo sugerencia es de una o dos sílabas y, ciertamente, es respetada por la mayoría. Durante el 2020, los nombres más escogidos para perros machos en España fueron Coco, Thor, Max y Rocky; mientras que para hembras fueron Luna, Nala, Kira y Lola.

Sin embargo, algunas personas optan incluso por nombres compuestos como Juan Carlos, María Marta o Tinker Bell. Y aunque utilicemos formas abreviadas luego, como Juanqui o Tinky, no es aconsejable perder tanta funcionalidad por originalidad. De hecho, mi perra Gianinna se llamaba así, Tinker Bell, porque cuando la rescataron había usado collar isabelino —a veces mencionado como campana— por algunas semanas. ¿Era correcto cambiarle el nombre al adoptarla?

Yo jamás consideré que conservara ese nombre, el cual había tenido durante el medio año que estuvo en adopción. Puede que haya sido algo egoísta, pero yo sabía que habría muchas situaciones donde iba a tener que llamarla enérgicamente en público y, claramente, gritar Tinker Bell en el parque me sería imposible. Y aquí viene otra consideración frecuente: evitar algunos nombres que nos inhiban de usarlos con claridad y firmeza, como Wolverine o Porotito.

Y en este punto, es común no conservar luego de la adopción nombres que no nos gusten. Y la mayor parte de los educadores caninos apoyan esto. El punto es que, si bien es posible que los animales ya los tuvieran aprendidos, estos nombres no estarían ligados a su identidad, sino que más bien funcionarían como marcadores que remiten a ellos. Y nuestros perros pueden aprender rápidamente otros.

Tradicionalmente la gente evitaba ponerles nombres humanos a sus canes, porque favorecería su humanización. Hoy, estos son la regla más que la excepción. En EEUU en el último año, los nombres más escogidos para perros machos fueron Bailey, Max, Charlie y Buddy; y los de hembras fueron Bella, Lucy, Molly y Daisy. Todos nombres de humanos. Hoy no evitamos cualquier forma de humanización categóricamente, de modo que evitar esos nombres ya no tendría sentido.

Pese a que desestimemos ese argumento, sostenemos la idea de que el nombre que escojamos influirá sobre el vínculo y la conducta del animal. Por eso, aunque a algunos les resulte humorístico, se desaconsejan los llamados nombres canallas, como son Vago, Mugre, Rufian, Pulgoso o Bicho. No se trata de que el animal entienda el sentido semántico del nombre, sino de que al nombrarlo así las personas teñimos inconscientemente nuestra actitud, expectativas y trato hacia el animal. Lo cual, recursivamente, sí afectará la respuesta del animal. El punto es que nosotros sí hacemos la asociación semántica del nombre y eso influye en el vínculo. No desarrollamos las mismas expectativas de conducta con Killer (Tom & Jerry) que con Lady (La dama y el vagabundo), más allá de su raza o aspecto.

Otros criterios que la gente refiere frecuentemente para elegir el nombre sus canes son: (1) Los nombres ligados a características físicas del animal como Negro, Colita o Manchita. (2) Los nombres de comida, como Choco, Oreo, Sushi o Trufa. (3) Los personajes del cine y televisión de moda, como Jack (This is us), Loki (Thor) o Río (La casa de papel). (4) Ciudades que nos gustaron o nos gustaría conocer como París, Berlín o Praga.

De modo que los tutores nos valemos de criterios un poco diversos. Y, en definitiva, todos son lícitos y válidos. Pero, en tanto nuestro objetivo con esa adopción canina sea formar un vínculo afectivo, creo que deberíamos priorizar nombres que nos remitan a eso. Claro que, si es corto y fácil de pronunciar, hará las cosas más fáciles para todos. Pero si a eso le agregamos, además, que sea un nombre que asociemos con algo cálido, simpático y afectivo, puede que hayamos logrado una combinación ideal.